Viernes, 10 de abril de 2020
Béjar al día

La PDB denuncia que la recuperación de El Bosque dura más que las obras del Escorial

“La restauración de El Bosque lleva demorándose desde 2001, casi veinte años sin que se adviertan mejoras en lo que se refiere a jardinería y con intervenciones más que cuestionables en obras mayores”
Comparativa de El Escorial y El Bosque de Béjar / FOTOS: PLATAFORMA PARA LA DEFENSA DE EL BOSQUE DE BÉJAR

La Plataforma para la Defensa de El Bosque de Béjar denuncia la dilación en el tiempo de las obras del jardín renacentista, pide responsabilidades a autoridades y técnicos y espera que las actuaciones previstas para este año y el próximo se lleven a cabo con eficacia, pese a que consideran que los proyectos conocidos no hacen presagiar nada bueno para esas obras.

Restaurar El Bosque de Béjar: ¿la obra de El Escorial?

La restauración de nuestro mejor Bien de Interés Cultural lleva demorándose desde 2001, cuando fue aprobado su específico Plan Director: casi veinte años sin que se adviertan mejoras en lo que se refiere a jardinería y con intervenciones más que cuestionables en obras mayores, también con algunos discretos aciertos que arrojan un saldo demasiado pobre para el tiempo transcurrido y las cantidades de dinero público empleadas hasta ahora. 

La conocida expresión ‘esto dura más que la obra de El Escorial’ se aplica, como todos los lectores saben, a procesos que se dilatan en el tiempo más allá de lo razonable, tomando como representación de tal categoría el tópico de la inmensa obra filipina, supuestamente de larga ejecución. Y si embargo, la obra de El Escorial sólo duró 21 años, exactamente desde el 23 de abril de 1563 hasta el 13 de septiembre de 1584, aunque la basílica no quedó terminada hasta 1586. No parece demasiado para esta mole arquitectónica labrada en sillería de granito, con fachada de 207 m de largo y casi 35.000 m2 de superficie en su edificio principal, y menos aún considerando que no se trata sólo de un monasterio, sino que incluye una enorme iglesia, un palacio cortesano y otro privado, un colegio y una valiosa biblioteca, todo ello rodeado de lonja y edificios de servicio, enfermería con galería de convalecientes y botica, casa del hortelano (la Cachicanía) y pozo de la nieve, más un vasto jardín en terrazas constituido por el Jardín de los Frailes (que incluye el de la botica), los jardines del rey y de la reina y la extensa huerta con su estanque, ya en contacto con los espacios de pradera y arbolado (la Dehesa de la Herrería) colindante con los montes del entorno (figs. 1 y 2). 

Estrictamente coetánea, aunque mucho más modesta, la obra renacentista de El Bosque de Béjar se inició en 1566 y puede considerarse concluida en 1583, con la segunda ampliación del palacete (ya desaparecida) y la ejecución de la plazuela alta o rotonda: sólo 17 años de intervenciones discontinuas que se documentan en los destajos de 1577, 1581 y 1583, sin descartar otros de los que no tenemos noticia. Tampoco parece un plazo excesivamente largo para una villa de recreo cuyo núcleo aterrazado abarca más de 28.000 m2 e incluye edificios, potentes muros de contención, un estanque mucho mayor que el de El Escorial (casi el doble, con sus 4600 m2 de superficie inundada), varias fuentes y su correspondiente sistema hidráulico, e igualmente formando conjunto con espacios con tratamiento de dehesa (atravesados por una notable alameda axial de 400 m) y de monte o bosque. 

Aquí, la verdadera ‘obra de El Escorial’ es la penosa y prolongada restauración de esta villa de recreo que, como venimos denunciando desde 2014, no parece terminar nunca: 19 años de intervenciones, igualmente discontinuas, cuyas partidas presupuestarias han sido publicitadas repetidas veces por la Administración, pero sin que se verifiquen progresos significativos en la recuperación del BIC, entre otras razones porque buena parte de lo ejecutado son obras reiteradas o fallidas, como la nunca conseguida estanqueidad del estanque (y perdonen ustedes la aparente redundancia); la chapucera reconstrucción del invernadero (más bien chiringuito); la inacabada rehabilitación de la Casa del Bosquero; los setos ramplones y resecos en torno al estanque; los de la Huerta de los Bojes, rodeados de grava de colores y albero sevillano (fig. 3); o el bodrio pseudo-jardinero al norte del palacete, delirante pedregal que supuso más de un año de obras y de jornales: ¿por cuánto nos salió la broma? No menos grave son los compromisos por los que nadie responde: ¿podría alguien informar sobre la prometida restauración de la Fuente del Paraguas, pendiente desde 2016?, ¿será esto una ‘obra de El Escorial’ dentro de otra ‘obra de El Escorial’? 

En definitiva, una larguísima colección de despropósitos que componen todo un catálogo de lecciones sobre cómo NO restaurar un Jardín Histórico, y cuyos culpables políticos (municipales y regionales) y técnicos (arquitectos, aparejadores) deberían responder de los dislates con su patrimonio personal, en compensación por el patrimonio público dilapidado hasta ahora. 

Esperemos que las actuaciones de inmediata ejecución, previstas para el bienio 2020-2021 (huerta, jardín romántico, palacete y alameda), tomen un rumbo diferente y, para variar, se lleven a cabo con acierto y eficacia. Los proyectos conocidos no permiten presagiar nada bueno para esas obras, pero las administraciones tienen en sus manos la posibilidad de reconducir las cosas y lucirse con una restauración ejemplar. Para entonces –2021– se habrá superado en cuatro años el tiempo que duró la obra renacentista de El Bosque, sobrepasado en doce años el plazo establecido por el Plan Director para la completa restauración del BIC y transcurrido casi tanto tiempo como el de la verdadera obra de El Escorial, y todavía quedará mucho tajo por delante. 

PLATAFORMA PARA LA DEFENSA DE EL BOSQUE DE BÉJAR (PDBB)

  • Fig. 1. El Escorial en imagen de satélite: edificio rodeado al sur por jardines, estanque, huerta, dehesa y arbolado (Google Maps, 2019). 
  • Fig. 2. El Escorial. Cuadros de setos en el Jardín de los Frailes (Wikiwand.com). 
  • Fig. 3. El Bosque de Béjar. Setos ramplones rodeados de grava y albero (Fotografía de Carlos Castaño, marzo 2019).