La palanca de las emociones

No sabría decirte, querido lector, si la palanca de las emociones es la palabra, la imagen o corresponde ese privilegio a la música. Lo cierto es que, de manera conjunta, o por separado, consiguen recomponer nuestro ánimo cuando lo perdemos. 

Confieso que me muevo entre estos agentes, nada sospechosos cuando se utilizan bien, pero enormemente lesivos si los empleamos para destruir las relaciones interpersonales. Pues no pocas veces herimos a los demás a través de discursos difamatorios, o cuando manipulamos imágenes con intención de producir daño. 

Lo cierto es que, sus proclamas, despiertan nuestra sensibilidad, y son capaces de elevar nuestra alma por encima de las cumbres como si esta, al igual que las aves, hallara su colchón en las corrientes, mientras cruza los espacios mecida por el viento. 

Pero hay algo que debes conocer: nada de cuanto señalo es ajeno a tu mundo interior. Dentro de ti se encuentran, quizá oxidados, los mecanismos que reproducen tales emociones que, por estar infrautilizados, siempre parece nuevo aquello que contemplamos. 

Ciertamente, dentro de nosotros se encuentran las semillas, pero muchas de ellas nunca llegan a germinar. Quizá por eso, somos desconocidos para nosotros mismos. Nos incomoda dialogar con la conciencia porque, generalmente, tiene mucho que reprocharnos, y nosotros, carecemos de argumentos para rebatir su discurso. 

                   Manuel Lamas