Viernes, 14 de agosto de 2020

Pilar Salamanca, un libro de viajes de un Beirut superviviente

Este martes, a las 20.00 horas, presentará su último trabajo en la librería Letras Corsarias, en la calle Rector Lucena 1

         Tiene Pilar Salamanca un discurso rápido, preciso, precioso, valiente, claro y directo y por si esto fuera poco, delicioso, irónico, pleno de humor y también de ternura. Una prosa que conocemos muy bien y que ahora nos regala, mirada enamorada, incisiva, nada complaciente, como es ella, un exquisito libro de viajes a la sombra de los cedros del Líbano y al calor de su personal experiencia, de su discurso siempre coherente, vertiginoso, valeroso. Y lo hace en la cubierta de este navío salmantino que es la librería Letras Corsarias, abierta a todos los vientos que vienen esta vez de Oriente Medio, porque Pilar trae su mapa personal, íntimo, de un Bairut reconstruido y rematado a puntadas destructivas, en un libro publicado por El Desvelo Ediciones e ilustrado por el dibujante Pedro Saínz Guerra. Con ustedes, Beirut mish huna.

Charo Alonso: Pilar ¿Qué significa el título de tu libro?

Pilar Salamanca: Mish huna en árabe significa “no está”, “ya no está”. No, al menos, el Beirut que yo conocía pues ese ha desaparecido.

Ch.A.: ¿Habías estado en Beirut antes?

P.S.: Había estado en el Pleistoceno. O lo que es igual, en los años setenta, durante la luna de miel. Hace dos veranos decidí volver allí, esta vez sola, para ver que había sido del maravilloso Beirut que yo había conocido, el Beirut de antes de la guerra y este libro cuenta mi experiencia y algunas cosas más, pero la verdad es que está a medio camino entre un diario, un cuaderno de viaje, una guía pelín rara y… mis manías literarias.

Ch.A.: Dices que las mujeres viajamos y escribimos sobre el viaje ¿Qué relación hay entre el viaje y la escritura?

P.S.: Las dos cosas son un viaje. En el primer caso físico, porque implica un desplazamiento de nuestro cuerpo. Y en el segundo, mental pues con la escritura “desplazamos” de una forma u otra la realidad. Es cierto que cuando una viaja, lo que cuenta es sobre todo lo que has visto u oído pero también es cierto que cuando una se pone a contar selecciona entre lo que quiere decir y lo que no (pasa igual que en las autobiografías) aparte de elegir claro está, la forma literaria y lingüística en que lo hace, algo que por supuesto, también influye lo suyo en el resultado “final”. En cualquier caso, la experiencia del viaje no acaba cuando escribes, sino cuando alguien te lee, algo que, por otra parte, pasa con todos los libros. Es como si, en cierto sentido, TODOS se escribieran a “cuatro manos”: se podría decir que nunca están terminados hasta que alguien los lee.

Ch.A.: Ahora viajamos a través de “tour operators” ¿Es posible seguir viviendo así la experiencia inesperada del viaje?

P.S.: Pienso que sí. Y aunque actualmente es más difícil escaquearse si no quieres terminar siendo un guiri o un simple turista en vez de un viajero, todo depende de cómo te guste a ti hacer las cosas… En el fondo, solo es necesario cambiar de itinerario, de momento o de tren o también, de las rutas y lugares a los que nos tienen acostumbradas. Es importante porque estas experiencias, esta clase de viajes personales, pueden cambiarte la vida. Ver por primera vez algo diferente (o verlo de una manera diferente) modifica o puede modificar el pensamiento (y desde luego también las emociones y las percepciones).

Ch.A.: Has hecho este viaje sola ¿Tuviste algún problema?

P.S.: Partiendo de la base que como mujer, una se enfrenta a obstáculos a los que no tendría que enfrentarse por el hecho de serlo (y no solo en los viajes) no, esta vez no hubo ningún problema. Pienso que desde lo más pequeño a lo más grande en la vida, ay Hhay que atreverse. Nos tienen que ver viajar, ocupar el espacio como diría la Beauvoir, para conseguir hacer de él un territorio. Un territorio que pueda ser también algo nuestro.

Ch.A.: ¿Cómo entiendes esta mixtura de autobiografía, reflexión política, libro de viajes, crónica periodística que es para mí tu libro Beirut mish huna?

P.S.: Pues lo entiendo -como entiendo todo- un poco a mi manera, es decir, bastante libremente y sin hacer mucho caso a “la normativa” por lo que en realidad no sé si lo que al final queda escrito pertenece a un género u a otro: ¿Género autobiográfico? ¿Libro de viajes? ¿Reflexión política? Ni idea. Escribir, como bien dice Bolaños, es un ejercicio arriesgado y yo, siguiendo su consejo y antes de ponerme a ello, hago un ejercicio de gimnasia mental que consiste en tirar la “respetabilidad” por la borda. Digamos que no sé, no puedo o no quiero “respetar” los géneros. La respetabilidad es un lastre brutal. Constriñe y te limita, pero no solo en Literatura sino en el puro hecho del vivir. No puedo decirte cómo entiendo yo este Beirut, o por lo mismo, ninguno de los otros (¿doce, trece?) libros que he escrito. Yo me pongo a escribir y escribo. Como dice la canción “Apenas nada más”.

Ch.A.: Lo que sí es tu libro es un ejercicio de nostalgia… ¿Volverás a Beirut?

P.S.: “Para casi todo -dice Gil de Biedma– han pasado ya más de 20 años”. Es esa clase de nostalgia. Esa especie de sorpresa, Beirut ha sido para mí la primera - no la última– demostración de que ya no tengo 20 años. No sé si volveré. Sí, me gustaría intentarlo otra vez.

Ch.A.: Como lectora tuya creo que el humor es una parte muy importante de tu discurso literario, un humor un tanto bronco y también tierno ¿Estoy equivocada?

P.S.: Me alegro que digas eso. Quiero decir que hayas sido capaz de descubrir “humor” en algo que sangra. No sabes el esfuerzo que me cuesta no ser, digamos, demasiado trágica. Me esfuerzo tanto en entrenar el sentido del humor como otros se esfuerzan en entrenar sus bíceps. Seguramente porque en casa siempre me han dicho que no lo tenía. Luego, a medida que me he ido haciendo mayor he ido aprendiendo (creo) hasta qué punto es necesario -por una parte- no tomarse demasiado en serio a una misma y -por la otra- aprender qué o quién (del resto del mundo mundial) merece que sí, que lo tomemos muy en serio.  En fin, eso es lo que pienso.

Ch.A.: Lo que cuentas es doloroso ¿Hay esperanza para Beirut?

P.S.: Beirut es en sí misma –por definición y por vocación– un canto a la esperanza. Renace de sus cenizas una y otra vez. Su gente es un prodigio de resiliencia y de ganas de vivir. Beirut es, ha sido siempre, un homenaje a la vida.

Ch.A.: ¿Sabes que en Salamanca hay muchos cedros que traían los estudiantes libaneses maronitas?

P.S.: No, no lo sabía, es la primera noticia que tengo. Pero ¿Es seguro que todos esos libaneses eran maronitas”? porque –con mucha diferencia- la mayoría de los estudiantes del Oriente Medio que hace años venían a España, (Salamanca, Valladolid, Granada, Zaragoza…) eran musulmanes. El Líbano, como tú sabrás, y aunque eso no tiene la menor importancia a efectos de los cedros, es un país del Oriente Medio con maronitas, musulmanes, cristianos, ortodoxos, protestantes… No es en absoluto “maronita” por definición. Y aunque reconozco que en los tiempos que corren el término maronita –con todos los respetos– pueda parecernos políticamente más correcto, no resulta correcto aplicarlo a diestro y siniestro.

Ch.A.: Pilar, ¿Vas a volver a viajar pronto con la pluma en la mano?

P.S.: Esa misma pregunta me hago yo ¡Ojala! (Hablo de viajes no de “tour operators”). La cosa se está poniendo difícil ¿No crees? Además, a estas alturas hacer planes a largo/medio plazo no parece muy realista pero por supuesto, con pluma o sin pluma, seguiremos intentándolo.

Charo Alonso.