Mucho más que misses

Llevo una vida intentando encontrar soluciones  con  niños y jóvenes provenientes de la exclusión social. Hemos conseguido hacer un equipo educativo que pretende estar al servicio de los  “últimos”. Últimamente podemos decir por aumento de número y por influencia en la asamblea de “últimas”.

Durante treinta años han llegado a nuestra casa escuela muchos chicos y chicas provenientes de la exclusión social de sus familias y de la falta de oportunidades buscando protección. Es muy preocupante que en los últimos años vengan cada vez más pequeños y cada vez más chicas.

Ya pertenecen a todas las clases sociales, no estamos hablando sólo de familias pobres o desestructuradas.

Nos dicen que tenemos la mejor escuela para ellos. Nos acusan de darles demasiado e incluso de mimarles demasiado. Formación profesional, viajes por el extranjero, cine, circo, canto, baile… Además consideramos que tienen la oportunidad de empoderarse, adquirir resiliencia y sentirse útiles ayudando a otros en el campo de trabajo de Marruecos, en el hospital de fauna, etc.

Pues cuando nos parece que hemos abierto algún círculo parece que se cierra otro.

Tenemos niñas preciosas y súper inteligentes que se exponen a peligros que pueden llegar a ser irreversibles. Tenemos denunciado este hecho mil veces.

¿Por qué es tan fácil que una menor se prostituya por un porro?. ¿Por qué es tan fácil que consigan droga que arruina sus vidas?. Dicen que es consentido y son ellas y ellos los que van a centros cerrados, no los adultos que se aprovechan.

Parece que ser inteligentes es un problema, porque en esta sociedad intentar ser coherente te lleva a la locura.

En los medios se llevan las manos a la cabeza cuando se destapan casos como en Palma. Ahora a buscar culpables, los centros de menores. Es obvio que sería mejor que tuvieran una familia pero para eso los que critican tendrían que adoptar o acoger. Curiosamente muchos de los que llegan a los centros vienen de adopciones y acogimientos fallidos a una determinada edad,  y seguro que lo intentaron hacer lo mejor posible.

Lo más injusto de todo me parece que se criminalice a las víctimas y además siendo niños. Las secuelas del maltrato en su infancia, en países o familias les lleva a desajustes emocionales. También están diagnosticados como trastorno del apego, etc. Pero  tampoco el diagnóstico es justo y soluciona sus vidas.

En la casa escuela lo intentamos y creemos en ellas, sabemos de su talento y buscamos que ellas crean en sí mismas y se valoren integralmente. Tenemos muchos casos en los que tienen una integración social muy favorable y unas vidas felices.  En el día a día tenemos muchos sentimientos de impotencia aunque sin perder la esperanza.