Sábado, 4 de abril de 2020

Los últimos días de febrero

Profesor de Derecho Penal de la Usal

Como cada año, los últimos días de febrero me traen a la memoria la muerte de uno de los personajes salmantinos más célebres de la historia: D. Pedro Dorado Montero, catedrático de Derecho Penal en nuestra Universidad y uno de los personajes más comprometidos con los derechos individuales y sociales de los más débiles. La prensa local de Salamanca (El Adelanto) destacaba, el 28 de febrero de 1919 (dos días después de su fallecimiento y uno después de su funeral), la multitud de ciudadanos que se concentraron para darle el último adiós. Entre la muchedumbre destacaban obreros y trabajadores por cuenta ajena, la mayoría explotados vilmente por sus empresarios. El cronista del diario destacó que “fue gusto de los trabajadores, que perdieron su jornal por asistir al entierro del hombre que tanto se interesó y trabajó por las reivindicaciones obreras, que la comitiva diese vuelta por la Plaza. Y así se hizo, entrando por el arco de la Lonja, tomando la acera de la derecha a salir por la calle de Prior…”

Ese mismo día el reportero de El Adelanto destacaba también el emotivo discurso que Unamuno pronunció en la ceremonia fúnebre en el cementerio civil. Unamuno, emocionado y conmovido dijo lo siguiente: “Enterramos hoy, los ciudadanos de Salamanca, a este hombre civil, amigo, maestro y consejero de todos; a este hombre que trabajó por la redención de los delincuentes, porque sabía entender, mejor que nadie, aquéllos versículos de no juzguéis para no ser juzgados, porque con la medida que juzgárais seréis juzgados. Y lo enterramos en esta tierra sagrada y bendita, tierra bendecida y sagrada por los que aquí reposan, bajo el mismo cielo que a todos cobija, bajo su luz, que a todos ilumina por igual”.

Pero lo que más me llamó la atención de las noticias sobre el fallecimiento de Dorado, fue la discusión de los miembros del Ayuntamiento de Salamanca ante la propuesta realizada por el concejal Santa Cecilia de suspender la sesión plenaria que tenían convocada el mismo día de la muerte del catedrático, que también fue miembro de la Corporación Municipal salmantina. Según el cronista, estaban presentes en el Pleno, el alcalde, Vázquez de Parga y los concejales Clairac, Calama, Riesco, Fraile, Garrido, Paradinas, García y García, Llopiz, Olivera, Unamuno, Santa Cecilia, Sánchez Pérez y Lucas. El argumento de Santa Cecilia para suspender la sesión, parecía coherente y sensato: “hablo para rogar al ayuntamiento que suspenda la sesión hasta mañana, jueves, como señal de duelo por la muerte de D. Pedro Dorado Montero, que fue también concejal de este ayuntamiento. Es lo menos que la Corporación puede hacer en estos tristes momentos en que Salamanca ha perdido un hijo ilustre y la nación española una de sus más legítimas glorias. El Sr. Dorado fue un hombre de gran relieve, todo modestia, honrado, bueno, trabajador infatigable y sabio”.  A esta propuesta se fueron adhiriendo varios concejales, pero al tomar la palabra el señor Clairac, manifestó su oposición a que el ayuntamiento suspendiera la sesión, oponiéndose también a que se nombrara una comisión para el entierro. El argumento esgrimido es que “se opone porque así me lo exigen mis sentimientos religiosos”. La postura de Clairac fue apoyada por el acalde y por el concejal Riesco. En ese momento se incorporó a la sesión plenaria un nuevo concejal,  Iscar, apoyando firmemente la postura de Clairac.

La sesión plenaria se suspendió y se designó la comisión de la Corporación para el entierro. No obstante, del propio debate municipal se deduce la realidad de aquélla sociedad salmantina y española de principios del siglo XX y el rechazo e incluso la condena hacia quienes discrepaban de las posturas conservadoras, ultramontanas y caciquiles y hacia los que no profesaban la sacrosanta religión católica apostólica y romana. Ser rojo y ateo, por desgracia, tenía (y a juzgar por lo que ocurre actualmente en nuestra vida política, en la que siempre quieren tener el poder los de siempre y como sea, parece que aun tiene) estas consecuencias.

El pasado año, y con motivo del centenario del fallecimiento de D. Pedro, el Pleno del ayuntamiento de Salamanca, a propuesta del grupo socialista, acordó nombrarlo “hijo adoptivo de Salamanca”, algo que no se ha hecho efectivo aún. Lo será el próximo 17 de marzo. No está mal, después de 101 años de su muerte; aunque se lo ha merecido siempre.