¿Para qué hablar sobre sexualidad?

Hace unos días asistí a una reunión informal liderada por un experto y reconocido sexólogo, y con un público mayoritariamente joven y universitario, en la que se debatió la sexualidad en el presente, en general.

Lo primero de lo que me di cuenta, escuchando las reflexiones del experto fue qué difícil es hablar de sexualidad, sin que, en cada momento, el tema central desaparezca y vaya a parar al ámbito de la política, la sociología, la antropología, la educación.

La sexualidad siempre ha sido un tema escurridizo, taponado, oculto bajo la manta de la religión, la moral, las ideologías…actualmente bajo la cubierta-espectáculo de la diversidad de modos de ejercerla. En el presente, antes de que una niña o niño sepa qué es hacer el amor entre mamá y papá, cómo nacen los niños, cuáles son las diferencias anatómicas entre ambos sexos, ya está escuchando conceptos como transexual, homosexual, violación, violencia de género, etc. Empezar a conocer las leyes naturales de la sexualidad humana por las diversidades, las diferencias, las patologías, los traumas diarios exhibidos en los medios de comunicación, es crear todos los requisitos para que los niños/as partan de un alto grado de confusión sobre la sexualidad.

Actualmente el debate público y las reivindicaciones se centran en prevenir agresiones sexuales, sancionar conductas, conseguir apoyos materiales para que las mujeres maltratadas puedan dejar de estar dependientes de sus maridos o exmaridos. Es decir, el debate se da en el terreno de la política. El debate y las medidas políticas son necesarias.

Pero sin conocer previamente cómo es la naturaleza de las relaciones entre los dos sexos, se dan pasos de ciego que conducen inevitablemente a funestas repeticiones. ¿Cómo es posible que después de años invertidos en perseguir la violencia de género, ayudar materialmente, con ayuda jurídica, económica, psicológica…siga habiendo igual o más casos de crímenes machistas? ¿Igual número de mujeres asesinadas?

Está claro que algo esencial del conflicto no se está viendo y/o teniendo en cuenta. Nos da miedo alejarnos de las opiniones propias del sentido común, de los consejos de buena voluntad, de las ayudas paliativas. Pero querer saber y entender qué se juega en las existencias de dos personas, que frecuentemente han compartido años de vida, hijos, amor y proyectos esenciales, nos da miedo, pues nos hace preguntarnos por las agredidas y los agresores, más allá de los primitivos conceptos de buenos y malos, víctimas y verdugos.

Un artículo periodístico no es el espacio para exponer qué planos complejos, inconscientes, frecuentemente peligrosos, se dan en las parejas que no encuentran salida a poder seguir viviendo ambos, separados, pero vivos, más allá de la peculiar historia amorosa o ambivalente que hayan protagonizado en el pasado.

Existen esos planos, en la naturaleza humana, en su sexualidad, que deben ser conocidos y puestos en palabras, si es necesario.

De lo contrario, por mucha liberación e igualdad que la mujer consiga, la parte distinta del distinto modo de sentir y desear al otro, en la mujer y el hombre, seguirá produciendo dolorosas y repetidas muertes.