Protestas.

Me ha sorprendido un tanto la repentina explosión de protestas ciudadanas. Por supuesto me parece bien, es fundamental para la democracia poder salir a la calle con absoluta libertad y seguridad para reivindicar lo que se considera justo. Si bien todavía hay a quien le cuesta bastante entenderlo, a la vista de incomprensibles normas para multar por levantar una ceja o pasar por ahí cuando la gente se manifiesta (y no hablemos de dioses, claro). Quienes las imponen evidencian su escaso entendimiento de la democracia, a pesar de alardear de constitucionalismo y pretender dar lecciones. En realidad se comportan como conversos, se opusieron a ella en su momento, y siguen sin querer ver el daño que le hacen a nuestro sistema político.

Es evidente desde hace tiempo que vivimos una era de cambio, y no precisamente para bien. El Neoliberalismo triunfante muestra descarnadamente su verdadera cara, que no se quiso ver desde los 90. Al albur del mercado desregulado el dinero llegaría hasta el infinito y más allá, luego resultó que era para unos poquitos y cada vez menos para el resto. Pues aquí lo tenemos en su esplendor, gracias a la grave crisis reciente. El cambio es de sistema, y depende de la ciudadanía su dirección. Mientras, veremos hasta dónde puede corregir el rumbo el nuevo gobierno de coalición.

Estación de ferrocarril, abandonada por si no se nota, de Alba de Tormes.​

Decía lo de la sorpresa pues el gobierno no ha tenido tiempo de nada, pero es como si los problemas hubieran aparecido de repente. Cuando no son más que la manifestación evidente del error en la política económica de las últimas décadas. Agravados en la última en especial, creando graves desigualdades de todo tipo. A pesar que hubo gente avisando de esas consecuencias hoy tan visibles y palpables.

Me voy a fijar especialmente en el campo, y su despoblamiento, que además tiene más presencia en la calle. No voy a volver sobre lo dicho en otras columnas, pero por recordar algo, el desaparecido profesor Eugenio García Zarza ya publicó en 1976 un libro sobre la provincia de Salamanca desde 1900 alertando del problema. Viene heredado del franquismo, con su política territorial concentradora de población y recursos en la costa y poco más.

Durante la democracia los gobiernos centrales sucesivos no han querido tener tiempo para esto, si acaso Zapatero un ratito, ni tampoco lo han demandado muchos de los actuales manifestantes. Dejado a las Comunidades Autónomas, ni siquiera en los territorios más afectados tenía importancia. Para la Junta de Castilla y León durante muchos años no existían, a pesar de la insistencia de la oposición y expertos. Por cierto, conviene recordar la notable presencia de algún sindicato agrario, hoy manifestándose, durante años en la Consejería de Agricultura de la Junta.

Está muy bien manifestarse, y exigir soluciones, nos va el futuro en ello seguramente. Pero hay que partir de una mínima coherencia. Si apuestan por el neoliberalismo, destructor del estado y de la necesaria regulación razonable, aténganse a las consecuencias. Si se arrepienten, a partir de aquí es necesario reflexionar, y actuar, pero toda la sociedad, sobre cómo afrontamos el futuro y cambiamos el sistema. Con el primer objetivo de no volver al despilfarro, el consumismo, la precariedad y la injusticia. Quizás aplicar de verdad la Constitución en su totalidad podría ser un buen comienzo.