Sábado, 30 de mayo de 2020

Le dijo la sartén al cazo…

Esta semana han causado cierto revuelo, no sin razón, las declaraciones hechas por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en las que apuntaba que quienes defienden una comunidad autónoma para la Región Leonesa se dedican a “hacer el paleto”.

Y es que, una de las cosas que resultan más llamativas del tema es que, quien haga dichas declaraciones, y critique a quienes defienden la identidad regional leonesa (que dejaba entrever que era un invento), sea precisamente la presidenta de una comunidad como Madrid, que nació ex novo en 1983, pues hasta entonces la provincia madrileña formaba parte de Castilla la Nueva.

Entretanto, no estaría de más que Díaz Ayuso revisase los libros de geografía española para poder comprobar que, al aprobarse la Constitución, la Región Leonesa estaba reconocida oficialmente como región, por lo que a la misma le asiste para ser comunidad autónoma el artículo 2 de la propia Constitución, que “reconoce y garantiza” el derecho de las regiones a ser comunidades autónomas, precepto que se ha incumplido en estos años para la Región Leonesa.

Por otro lado, no hay que olvidar que la comunidad de Castilla y León se creó, en palabras de su principal promotor, Rodolfo Martín Villa, “por razones de Estado”, con el objetivo de contrarrestar y hacer menguar los nacionalismos periféricos, principalmente el catalán y el vasco.

Sin embargo, tres décadas y media después de la creación de Castilla y León, es más que evidente, con los nacionalismos catalán y vasco en máximos históricos, que ese objetivo que justificaba la unión de León y Castilla bajo una misma autonomía ha fracasado totalmente, por lo que la continuidad de esta autonomía, la única birregional de toda España, no parece tener demasiado sentido.

Y es que, si nos vamos a otros ámbitos, Castilla y León tampoco ha logrado, como comunidad, lograr un desarrollo socioeconómico para las dos regiones que alberga, y su fracaso es especialmente perceptible en la parte leonesa de la autonomía. Así, desde la creación de Castilla y León, la Región Leonesa ha perdido 160.000 habitantes, lo que supone que entre Salamanca, Zamora y León suman más del 80% de toda la pérdida de habitantes de la autonomía, siendo la peor pérdida de población de una región en toda Europa occidental en este periodo.

En relación directa con este campo, ha habido un vaciamiento palpable y evidente de jóvenes en la Región Leonesa, habiendo sido la que ha cosechado la peor tendencia de toda España en periodo autonómico, hasta el punto de convertirse en la región con peor tasa de juventud de España actualmente, y teniendo asimismo la peor evolución en crecimiento vegetativo en las últimas décadas de todo el país, habiendo alcanzado el primer puesto en peor registro.

Por otro lado, en relación con la pérdida de población, también ha de señalarse que, de entre todas las regiones de España, el antiguo Reino de León es la que posee proporcionalmente más emigrados fuera de la región, con la friolera cifra de 600.000 leoneses en el resto de España y el extranjero, frente a los 970.000 residentes que albergan Salamanca, Zamora y León”. Es decir, los emigrados fuera de la Región Leonesa son el equivalente a que vaciásemos de habitantes por completo El Bierzo y las provincias de Salamanca y Zamora.

Y si nos vamos a la renta per cápita, el Reino de León tampoco sale demasiado bien parado, dado que ha tenido la peor evolución de España en periodo autonómico, ampliándose la brecha de renta tanto respecto a la parte castellana de la autonomía, como respecto a la media española.

En este aspecto, además, la falta de una comunidad autónoma de la Región Leonesa, ha impedido a esta poder acceder a más ayudas de la Unión Europea, que sí le hubiesen correspondido por sus niveles de renta, y de las que se ha visto excluida por compartir autonomía con Castilla, que posee una renta per cápita bastante superior, aumentando la media del conjunto de la comunidad autónoma y suponiendo una pérdida de más de 1.000 millones de euros de fondos Feder para Salamanca, Zamora y León en el periodo de ayudas 2007-2013 y otro tanto para el 2014-2020.

De hecho, si en los Presupuestos de la Junta de Castilla y León se consignaban unos 2.500 millones de euros para la Región Leonesa, un reciente análisis hecho público por el periódico digital ILeon, apuntaba que, de ser comunidad autónoma, y con acceso a las ayudas europeas por su nivel de renta, la Región Leonesa manejaría más del doble de fondos, entre 5.000 y 6.000 millones de euros al año, con unas cuentas similares a las de Extremadura y Aragón.

Todo ello, sumado a las indudables razones históricas que poseería el antiguo Reino de León para ser comunidad autónoma (con tanto o más derecho que otras ya constituidas como La Rioja o Madrid), y que, según las proyecciones de población del INE, de seguir todo igual, Salamanca, Zamora y León perderán más de 100.000 habitantes en la próxima década y media, quizá algo habrá que cambiar y, en este sentido, la autonomía de la Región Leonesa se antoja más como una necesidad que como un capricho.

Por tanto, si para la presidenta de la autonomía madrileña pedir una comunidad propia para la Región Leonesa es hacer el paleto, si nos basamos en la evolución de este territorio desde su inserción en Castilla y León, quizá mantener la actual autonomía es más bien hacer el canelo.