Lunes, 3 de agosto de 2020

Música para corazones inquietos

Se nos viene Luis Ramiro. El próximo día 23, a las 19:30 en La Chica de Ayer. Un cantautor de los de siempre, pero más de los de ahora que ningún otro. Años de dedicación, no tanto en la sombra como fuera del foco, al oficio de escribir. Traductor de sentimientos al idioma del papel y la música. Superviviente dentro y fuera de la industria. Adaptado a los nuevos tiempos digitales que permiten a los artistas lograr el mecenazgo de sus propios fans pero sin abandonar jamás los “good old times”, apareciendo en pequeños garitos armado tan solo con su acústica.

He perdido la cuenta de sus discos porque cuando funcionas como Luis, con esa guerra de guerrillas musical, lo mismo te autoproduces un Tristefeliz y lo vendes por los bares, que te arrancas con un Castigado en el Cielo, auspiciado por Sony BMG, o haces saltar la banca del cariño económico de tus seguidores para lanzar un 2029, que es lo que nos trae esta vez. Quizá él lleve su propia cuenta, como hace el bueno de Trent Reznor con sus Halos, pero aquí los números son lo de menos. Y el orden, un poco, también. Qué demonios, si hasta recuerdo un CD (grabado a todas luces de forma casera) cuya portada era una fotocopia en color de una fotografía de un jovencísimo Luis Ramiro tocando el bajo.

La primera actuación que vi de Luis Ramiro, fue una de las citas iniciales con la maravillosa persona que hoy en día, gracias a lo que sea, es mi santa esposa. Ella me descubrió a Luis en una época de mi vida en la que cada vez que escuchaba el término cantautor reculaba como Christopher Lee ante una cruz esgrimida por Peter Cushing. Lo tomé como una parte del precio de la conquista. Me planté en aquel bar con mi mejor disposición y… ¡línea y bingo!

Me encantó aquel concierto en el que estuvo acompañado de Marwan. La calidad de las canciones, la comunión con el público (mayoritariamente femenino) y la crudeza y calidez del sonido de voz y guitarra. Todo se confabuló para crear uno de esos lugares a los que siempre se quiere volver.

Desde entonces he visto unos cuantos conciertos suyos más, he escuchado todos sus discos (invitado por una de sus micromecenas habituales; la mejor, diría yo), me lo he encontrado por garitos, lo he seguido en RRSS y no tengo nada ni medio feo que decir de él. Evidentemente algunas de sus canciones me gustan más que otras y lo mismo sucede con sus poemas. Pero ni en un caso ni en otro, me lanzaría a utilizar la palabra malo. Todos sus trabajos tienen la calidad, el cariño y la desesperación de quién no puede hacer otra cosa que seguir adelante. De quien está, literalmente, enganchado a la letra y la música.

Y, quien sabe, puede que con 2029 quiera conmemorar el décimo aniversario del concierto que nos espera este domingo.

 

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