Domingo, 5 de julio de 2020

¿Tenemos alguna razón para escribir?

Para mí, es abrir  puertas y ventanas a la imaginación, dar vida a personajes dormidos, hacer  magia y vivir historias. Hay momentos que no se pueden resumir, hay sensaciones que no se pueden explicar, emociones que no pueden entender si no está delante. Entender, amar, que te amen, saber, conocer. Por costumbre y para matar la costumbre, por vivir otras vidas y revivir las propias En definitiva recrear el mundo interior y exterior haciendo que sea verosímil.

 El poeta, en cada verso, expresa sentimientos, emociones, sensaciones. El periodista deja en  una humilde hoja, poso épico, aventura, hazañas, opinión, actualidad… Si el pintor, emite un mensaje a través de su obra. El cocinero nos permite saborear aromas. Escribir, es captar el mundo de los sentidos y sentimientos en toda su plenitud.

Mucho se ha hablado del Parnaso y las musas. Creo, que la inspiración es cuestión de mucho trabajo y gran disciplina. Horas y horas delante de la pantalla del ordenador, pulsar una y mil veces las teclas. Borrar y volver empezar. Cierto, que a veces pequeñas cosas hacen que nazca una criatura hermosa. Una simple gota de agua, basta, para albergar esperanzas de vida. El pajarillo, tras su tímido gorjeo llega el armonioso y vibrante canto; el  rincón solitario y apacible, habitado por el blanco laurel… el viento, agitando las rojas buganvillas. Entonces la imaginación vuela en busca del pájaro, del pintor, del  poeta, del cocinero, de la modesta gota de agua… olvidamos que han sido ellos, los que con sus percepciones nos han dejado atrapado en su remolino sicoenergetico.

Sentada en un banco del jardín cercano a mi domicilio, escuché el graznido de una gaviota negra. ¡No debía estar,  no es habitad!  Sobrevolaba el céntrico huerto jesuitino…  ¿será una gaviota de aguas dulces? Mi cabeza comenzó a crear una nueva forma de vida para la gaviota negra, quizá había olvidado que el mar era su hogar y aprendió a vivir de manera distinta. Y comparé a la gaviota, con el niño que llega a nuestro país de lugares lejanos, y se encuentra una cultura diferente ¿Qué pensara?, ¿cómo vivirá cada nueva experiencia? Entonces recordé a Cervantes: ”la pluma es el lenguaje del alma” Y así, cada vez que les cuento una historia me convierto en arquitecto sanador, de emociones que llevamos dentro, intentando dar -a las negativas- resolución.

No olviden cada día a las 20 horas salir a sus balcones o ventanas, y aplaudir, sí, aplaudir a los sanitarios que con gran esfuerzo intentan paliar la terrible pandemia que nos azota. Sigan las normas indicadas y no salgan a la calle. Solo en casos necesarios. Es duro verse recluido, pero busque... seguro que tiene muchas ideas que no ha plasmado: la pluma, el pincel, la cocina…De todo lo malo vamos a sacar algo muy hermoso, miraremos al otro de otra forma, nos veremos en sus ojos, recordaremos a los ausentes…Hoy toca dar apoyo a quienes cuidan de nosotros ¡¡¡Aplaudamos su gran y extenuante labor!!!