Viernes, 14 de agosto de 2020

Gistau, el estilista 

El edificio de nuestro periódico tiene columnas dóricas, jónicas y hasta corintias. Y las hay, algún día, salomónicas y todo, con poesía incorporada, que en la variedad está el gusto y los hay  columnistas breves,  decididamente enciclopédicos, quejosos, protestones, reivindicativos, poéticos y hasta irónicos. La columna es así de versátil con su aire gamberro, su subjetividad, su punto divertido y su final sorprendente. Y es el conjunto del edificio entero, con su variedad de columnas, el que nos hace levantar cada mañana los diarios de lo nuestro, con ese sonido sinfónico de tantas voces… de las que voy a citar a un maestro del periodismo de siempre, Valentín Martín, devenido columnista salmantino desde sus recuerdos, su pluma memoriosa, su voluntad libertaria y su tenacidad frente a los embates de la vida, y a una poeta que sobrevuela sobre las clases, los libros, los ensayos y la Salamanca de altos vuelos y de alas universales: Asunción Escribano. Y que no se ofendan mis compañeros estilitas de Salamanca rtv al día o Digital Extremadura. Les elijo a ambos como ejemplo perfecto de lo que es la variedad y la sabiduría de un periódico que le da importancia a la columna, que le da ritmo, sabor, conocimiento, variedad y sorpresa. Columnas de mis amores, las mismas que leo en La Gaceta Regional con la sonrisa puesta cuando me sorprende Alberto Estella, contundente y poderoso, y cuando me hace sonreír Juanes cuando se las apaña para condensar toda la semana en un espacio tan pequeño. Y es que la columna es un género sincrético, de ahí que el buen columnista sea un genio de la pluma capaz de saber estilizarse a tiempo y finiquitar el asunto con un quiebro de muleta que nos deja a todos boquiabiertos.

         Y todo a cuenta de Gistau a quien tanto he leído y a quien hoy extraño mientras muevo las alas en papel del periódico para el que escribía. Era Gistau el espejo en el que me miraba y hubo una vez, este verano, en el que una de sus columnas me impresionó tanto que la recorté y la metí entre las páginas del libro que estaba leyendo para disfrutarla de nuevo. Y ahí seguirá, porque en mis libros aparecen billetes de la renfe, puntos de lectura de Letras Corsarias, trocitos de papel, flores, hierbas, estampitas de la virgen de cuando era chica y entradas de cine o de teatro. Retazos de cada día que duermen entre las páginas de los libros cuyas líneas anoto y que sorprenden a quien toma prestado el apretado volumen de mis amores y se le viene encima, al abrirlo, el tesoro bien guardado.

         Les decía que yo leía a Gistau con envidia enferma y gula tremenda, de ahí que su muerte me haya dejado huérfana de columna y pesarosa de página, porque busco entre las firmas la suya y no la encuentro, y es su prosa sencilla, contundente como un puñetazo y suave como la caricia que redondea la mano sobre la cabeza del niño, la que yo adoraba. Me falta Gistau y arrojo lejos el periódico de papel adorno del fin de semana que disfruto con el sabor del tiempo remansado. Y levanto al fin, reverencia en lo alto, la copa de la admiración para brindar por su firma ya perdida. Que la página te sea leve, columnista genial, estilita en equilibro.     

 

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez.