Martes, 31 de marzo de 2020

‘Esposa de mi atardecer’ y otras querencias para cualquier día del año

 

Jacqueline Alencart y Alfredo Pérez Alencart en Urbino (foto de Gianni Darconza,  2018)

 

Nada de reclamos publicitarios ni de rituales paganos adecentados a golpe de Concilios. Ni días u horas. El ser humano resiste y se hace fuerte en el Amor. Claro que el Verbo y el Amado galileo están detrás de esa llama que no quema: el Amor.

 

Aquí tres esquirlas, escritas en distintas épocas y que forman parte de mi antología Una sola carne, publicada en 2017 por la Diputación de Salamanca, con selección y notas de la poeta y traductora rumana Carmen Bulzan.

 

 

Foto de José Amador Martín

 

 

ESPOSA DE MI ATARDECER

 

 

¡Pasión principal, como ninguna, dermis

con dermis, señales del destierro procurado

amándonos veintitantos septiembres, ventura

y aventura en lo tierno, inquebrantable!

 

¡Besémonos largo, esposa de mi atardecer!

El juego verdadero no es un juego: Amar,

Dios mío, es una incesante prueba cabal,

defuera hasta la vertiente de lo que no sé.

 

¿De miel el tránsito? Garra del entallado

puedo sin descanso, atentos a lo que fluye

debajo de esta piedra, ¡ah, linda mitad mía,

esposa de mi atardecer, fresca flor viva!

 

Embaracémonos de presentimientos: Creer

en el sueño y no en el circo; en el espíritu

capaz y no en feas estatuas… ¡Herejías así

de estío a estío, con el pulso real todavía!

 

¿Qué nos sigue sino el unigénito y la luz

primera? El hijo, sí, derivado de sangres

que por triple frontera se mezclaron. La luz,

sí, barajando sus haces, convidándonoslos.

 

¡Todo nos ampara, esposa de mi atardecer!

 

 

Foto de José Amador Martín

 

 

EN NADIE QUE NO SEAS TÚ

 

 

En nadie que no seas tú

acomodo mi cuerpo para la vida

que cae como una hoja

de otro otoño,

 

encanto

si nos hacemos una sola carne

y somos fuertes

mordiéndonos los labios,

 

sin límites

por estos páramos distantes.

 

Tu nombre

crece siete veces siete

y hago cuentas sin dividirme de ti,

 

acariciando tus estaciones

hasta hacerme viejo

recibiendo tus dádivas,

 

moldeando nuestra carne

hasta que alguna vez se torne

una sola alma.

 

 

COMPAÑERA EN TODO

 

No ardencia pasajera

lo nuestro, mi compañera,

mi constelación

secreta…

 

Eres cuerpo a mí

engemelado, ala pacífica

para vadear los días.

 

Lo nuestro es eternidad

e instante, fogosa

soberanía,

 

compañera que me besas

y acoges.

 

Recuento tu sacrificio

hecho sólo por amor,

 

compañera en todo,

amantísima

gacela…

 

Jacqueline Alencar en Granada, Nicaragua, firmando en un retrato de Rubén Darío