Martes, 31 de marzo de 2020

Momentos amables

La vida se compone de momentos. Los hay mejores y peores, alegres y triste, amables y odiosos, ordinarios y extraordinarios; pero siempre son momentos vividos aunque unos los recordemos y otros no. Hace unos días yo viví uno que podría calificar como agradable y curioso. La cosa fue así.

Viajaba con mi hija en el autobús de Santa Marta de Tormes a Salamanca y serían las 8:30 de la mañana. Ella iba sentada junto a un hombre mayor delgado, de cara afilada y pelo cano, yo estaba frente a ambos. Mi hija me comentó una cuestión que a ella, a modo de pregunta, le habían hecho: Si pudieras tener un superpoder cuál sería. Su respuesta: el de la tele-transportación. Le pregunte si en el espacio o en el tiempo. En ambos, dijo ella. Por mi parte dije que nunca viajaría al futuro aunque pudiera (creo que tampoco lo haría al pasado) sería horrible saber lo que sucederá. En esas estábamos cuando yo dije

- El futuro ya vendrá cuando tenga que ser. Y añadí a modo de conclusión, lo verdaderamente importante es que el fin del mundo me pille bailando.

Para mi sorpresa el hombre que viajaba al lado de mi hija dijo dirigiéndose a nosotros:

  • - Que el escenario me tiña las canas.
  • Para aquel que no lo sepa se trata de la frase que sigue a la que yo cite en una estrofa la canción que Joaquín Sabina gravó con Chavela Vergas y tiene por título de Noche de Bodas[1].
  • - Vaya – dije – Parece que los dos conocemos a Joaquín Sabina.
  • - Pues claro. Le sigo desde hace muchos años y creo que le deberían dar el Príncipe Asturias (en la actualidad, Princesa), por lo bien que escribe. Muchas de sus letras son increíbles. ¡Cómo se pueden decir cosas tan hermosas en una canción!
  • - Sí yo también llevo muchos años escuchándole, desde que compartía escenario con Alberto Perez y Javier Krahe en el sótano del bar la Mandrágora, allá por los primeros años 80.

Bueno y así, en tono distendido, continuamos conversando hasta llegar a la parada situada frente al Hospital Virgen de la Vega donde los tres nos bajamos y nos despedimos. Fue un momento amable, de esos que dejan buen sabor de boca y ese regusto de compartir algo entrañable. La conversación podría haberse alargado mucho más, sólo las obligaciones cotidianas tuvieron la culpa de su prematuro final.

Ya sólo, caminado hacia la Universidad, me vinieron a la cabeza las dos frases que completaban la estrofa de aquella canción que fue catalizadar del encuentro:

  • Que nunca sepas ni cómo, ni cuándo
  • Ni viento volando, ni ayer ni mañana
  •  

Quien nos iba a decir a aquel hombre y a mí que un par de día después – ¿causalidad? - el “flaco”, el crápula, el pendón desorejado de Joaquín Sabina, el mismo se definió así, se caería del escenario que compartía con Joan Manuel Serrat en el Wizink Center de Madrid y que lo tuvieran que sacar en camilla. ¿Pero que hace un tipo con 71 años dando aún conciertos en directo?

Le han operado de un hematoma intracraneal y parece que está estable. Espero que se recupere y que pronto le pueda seguir levantado la falda a la luna, que continúe deseando ser comunista en las Vegas, ahogado en el Titanic y flautista en Jamelin. Para que pueda continuar diciéndole a alguna mujer que sin ella se siente extraño como un pato en el Manzanares y torpe como un suicida sin vocación. También para que le den las doce y la una y las dos y las tres… y para que junto a su gran amiga Chavela grite al mundo eso tan bonito de que las verdades no tengan complejos, que las mentiras parezcan mentiraque ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena.

En definitiva que pueda seguir siendo ese pirata cojo que siempre quiso ser, y continuar viviendo muchas vidas. Suerte flaco.


[1] Se publicó en 1999