Miércoles, 19 de febrero de 2020

Adiós a George Steiner

Lo que podemos hacer es intentar oír, en esa abdicación de lo mesiánico, ya sea judío o cristiano, la promesa de una misteriosa libertad

G. Steiner, Pasión intacta

 

He intentado demostrar que el incidente de Babel fue una bendición. Todas las lenguas y cada una de ellas cartografían un mundo posible, un calendario y un paisaje posibles. Aprender una lengua es ensanchar inconmensurablemente el provincianismo del yo. Es abrir de par en par una nueva ventana a la existencia

G. Steiner, La poesía del pensamiento. Del helenismo a Celan

El maestro George Steiner, ha fallecido el pasado 3 de febrero en el Reino Unido, para admiradores y críticos es la encarnación del pensamiento europeo y del humanismo contemporáneo. Mi primera aproximación a George Steiner, fue cuando leí su introducción sobre el pensamiento de Heidegger, publicado en Fondo de Cultura Económica. El autor se acercaba como crítico literario a los grandes conceptos del filósofo alemán, pero mostraba también las dependencias teológicas del pensador alemán y, sobre todo, la inconsistencia moral frente al horror del nazismo. Fue uno de los mejores libros de Steiner, su dominio del alemán y del francés, le permitieron realizar esa labor de mediación cultural entre el mundo europeo y anglosajón.

George, nació en París en 1929 en el seno de una familia judía vienesa huida del antisemitismo. Desde niño habló inglés, francés y alemán, ya que su entorno familiar, tremendamente culto, hablaban varios idiomas por los desplazamientos forzados por toda Europa, además, su padre le encaminará desde muy niño hacia las artes y las letras. Estudió en la Sorbona de París, y en las universidades de Chicago, Harvard, Oxford y Cambridge. Será profesor en numerosas universidades del mundo, como Pricenton, Stanford, Nueva York, Cambridge y, desde 1969 hasta su retiro, en la Universidad de Ginebra. Posiblemente, más que escritor o pensador, la enseñanza es su principal vocación, aunque supo ser maestro y alumno toda su vida, transmitiendo su pasión y amor por el saber.

Durante 25 años, compagina sus clases y la crítica literaria en la revista The New Yorker, y su fama como humanista y escritor, le llevarán también al periódico The New York Times y en The Economist. Recopilará parte de sus artículos y reseñas en el periódico en sus obras, Lenguaje y silencio, Sobre la dificultad y Extraterritorial. En su labor de crítico periodista, gracias a su dominio de las lenguas, se sentía tan cómodo hablando de Platón como de Fernando Pessoa o Borges, generando siempre ideas originales dentro de la cultura contemporánea y siendo uno de los críticos más eruditos y reflexivos.

En el año 2001, recibía el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, viendo el jurado uno de los más destacados humanistas de nuestro tiempo, abarcando una extensa obra en libros y ensayos, desde la literatura, la filosofía, la historia, la antropología o la teología. Su discurso, al recibir el premio, se centró sobre el poder del lenguaje y de la palabra, como mejor vehículo de comunicación y la riqueza que suponen las miles de lenguas en el mundo, base de la creatividad humana.

En 1989, publica su libro Metáforas reales, donde habla también del lenguaje como uno de los avances más importantes de la historia de la humanidad. En el inicio de su libro, propone que cualquier entendimiento coherente de lo que el lenguaje es y realiza, cualquier descripción coherente de la capacidad del lenguaje humano para comunicar significado y sentimiento son, en un análisis final, escritos bajo la suposición de la presencia de Dios. El lenguaje es una metáfora de privilegio, gracias a ella podemos adivinar la imagen de Dios en la obra de grandes interlocutores espirituales de toda la literatura universal. La presencia de la palabra de Dios es un supuesto necesario para responder al misterio de la creación poética.

En su obra Nostalgia de lo absoluto, nos avisaba del eclipse de los sistemas religiosos, siendo sustituidos por mitologías y la vuelta a lo irracional, para rellenar el hueco del vacío producido por la decadencia del hombre y la sociedad occidental, así como por la decadencia de la antigua y magnífica arquitectura de la certeza religiosa. Comenta que hay hambre de explicaciones totales, de mitos y profecías con garantías, pero el olvido de la pregunta de Dios causa una banalización de la cultura y un cambio radical en la comprensión textual: La filología ya no conocerá un Logos como objeto de amor (Examen de una vida,1998).

Para muchos autores, el libro más significado de G. Steiner es Después de Babel, obra en la que se resumen sus investigaciones sobre el origen de las lenguas, su similitudes y diferencias, así como el problema de la traducción. Además, esta obra tiene algo de autobiográfico, comenta que no recuerda cuál fue su primera lengua, afirmando que tenía la misma facilidad para el inglés, el francés o el alemán. La traducción la considera como un elemento esencial de la cultura, para el autor todo es traducción, incluso dentro del mismo idioma. Ya que comprender es descifrar, la traducción se hace presente en todo elemento de comunicación.

Errata. El examen de una vida, es posiblemente el libro más personal de G. Steiner, donde realiza un análisis iluminador de su propio pensamiento y de su propia vida. Comenta que sus errores son derroches de amor, ya que allí donde hay pensamiento también hay errores. En el libro refleja una interioridad, no sin lamentos, mezclando ciertas dosis de agnosticismo y de anhelo por Dios, considerando que lo trascendente es ineludible para el hombre. En una de sus últimas entrevistas comentó, que su padre y la vida, a la sombra del nazismo, le prepararon para afrontar la pérdida y la muerte. Estaba convencido que no habrá nada después de la muerte, pero el momento del paso puede ser muy interesante.

Un pequeño fragmento de este último libro que hemos señalado de G. Steiner, puede muy bien resumir el pensamiento del último gran humanista de nuestro tiempo: Una considerable porción de la literatura y de la literatura hecha música en Occidente está enraizada en Orfeo. Las connotaciones, los lineamientos posibles del significado de este mito son aparentemente ilimitados. El mapa inmediato y fundamental de nuestra psiquis parece originarse en la constante confrontación entre eros y muerte.