Martes, 31 de marzo de 2020

El Deseo Sexual

Después de felicitarnos por nuestro mundo emocional (Humor, Emociones y Sentimientos), comenzamos ahora los Afectos. Los llamamos afectos porque nos mueven a unirnos a los demás para gozar con abrazos, caricias, besos, etc. o vincularnos afectivamente. Somos una especie para el contacto y la vinculación. Dependemos de los demás para nacer y sobrevivir, nos encanta el contacto corporal y necesitamos vinculamos de forma estrecha a algunas personas, formando familias, parejas, grupos, etc.

Nuestra propuesta, como ya hemos escrito, considera que hay Afectos sexuales (Deseo, Atracción y Enamoramiento) y Afectos sociales (Apego, Amistad, Sistema de Cuidados y Altruismo).

El deseo sexual, nos impulsa, mueve y motiva a buscar el contacto sexual placentero, bien acariciándonos o buscando el encuentro sexual con otras personas. Lo perciben y sienten todos los seres sexuados. En el caso humano, le damos nombre y tiene manifestaciones diversas muy ricas (lo percibimos, concienciamos, interpretamos, planificamos la conducta para satisfacer el deseo, fantaseamos, soñamos con contenidos eróticos, etc.). Enraizado en la fisiología, alimentado por hormonas, como la testosterona, estímulos eróticos y personas, inunda el mundo emocional y mental. Por eso, el deseo sexual es una pulsión muy importante en la vida personal y social.

Los sentimos y concienciamos como una pulsión que busca el placer en el contacto sexual. Unas personas explicitan más el deseo de tener conductas sexuales concretas, mientras otras lo viven más asociado a los afectos, en un contexto amoroso más global. Pero ambos aspectos casan muy bien juntos, aunque su matrimonio no sea obligatorio

El deseo es parte de la naturaleza esencial de todas las especies sexuadas, porque es la forma de reproducirse. Sin deseo y el premio del placer sexual, no procrearíamos.

La gran noticia para le especie humana es que el deseo ha dado un salto cualitativo, no es un instinto propiamente dicho, como en otras especies. En el resto de animales (aunque habría que precisar en aquellos más cercanos a nuestra especie) es un instinto, pre-programado para garantizar la procreación, sobre el cual no pueden tomar decisiones. Las hembras desean solo cuando están en “celo” y los machos están siempre disponibles para aparearse. La sexualidad animal está en el Reino de la Necesidad, no deciden, solo siguen su instinto.

En la especie humana, la sexualidad ha dado un salto cualitativo. Las mujeres pueden desear, excitarse y gozar de la actividad sexual en cualquier momento del ciclo, estando embarazadas y después de la menopausia. Y lo más esencial, tienen la capacidad de decir ´Sí o No” en todo momento. Su sexualidad está en el REINO DE LA LIBERTAD. Son dueñas de su deseo. Por eso, pueden desear a una persona concreta y decirle “No”; o no desearla y decirle “Sí”. Es decir, su deseo sexual no es el único motivo de su conducta.

Los hombres también pueden y deben tomar decisiones sobre su deseo sexual. Tienen, por tanto, la misma libertad y responsabilidad ética que las mujeres.

Desgraciadamente, las mujeres han sido mucho más reprimidas sexualmente y socializadas para ser condescendientes. Ellas debían decir siempre “No” a su deseo, si no estaban casadas, y decir siempre “SÍ” a su marido, si se lo pedía. Los hombres, por el contrario, eran socializados para ser más activos sexualmente e imponer su deseo.

La moral religiosa era la misma para los dos sexos: ambos pecaban si no la cumplían. Un solo pecado “mortal” (¡qué vocabulario!) merecía la condena eterna.

Pero la moral social era muy diferente.  En el caso de las mujeres, las “libertinas” eran mal vistas y perdían valor; mientras que los hombres recibían dos mensajes contradictorios: no peques, pero si eres un conquistador y tienes relaciones con muchas mujeres, eres más valioso y más hombre.

Esa doble moral ha llegado hasta nuestros días, como demuestra que aún hay un número de hombres significativo (y algunas mujeres) que mantienen dos creencias erróneas: a) los hombres, una vez excitados, no pueden controlar su deseo sexual b) los hombres no pueden decir no a un a oportunidad de tener relaciones sexuales, “no serían verdaderos hombres”.

¿Qué nos queda aún de la doble moral?

Otro mito ha hecho mucho daño a las mujeres: las mujeres no tienen verdadero deseo sexual. Un catedrático francés, tan ilustrados ellos, llegó a escribir que las mujeres que tenían deseos sexuales sufrían de “furor uterino”.

¿Por qué cree usted que el noveno mandamiento de la Ley de Dios se ha traducido durante mucho tiempo así: “No desearás la mujer de tu prójimo” ¿Cree que es porqué las mujeres sí pueden desear a los maridos de la vecina?

Más allá de estas críticas, espero que la noticia comentada hoy, en este texto, le parezca   una gran noticia para los hombres y las mujeres. Podemos y debemos tomar decisiones sobre nuestro deseo sexual.  Esta es nuestra grandeza. Pero nunca debemos imponer el deseo sexual a otra persona, tenemos que ser éticos y evitar los “malos usos de la libertad”.

 ¿Cuáles son, a su entender, los buenos y los malos usos de la libertad sexual?