Miércoles, 3 de junio de 2020

Saber si es delito mirar el móvil de tu pareja sin permiso

Analizamos qué dice la ley y cuáles pueden ser las consecuencias

 

La consolidación de las nuevas tecnologías y el uso generalizado de los smartphones está dando lugar a nuevos comportamientos. Unas conductas que, si se llevan al extremo, pueden incluso ser constitutivas de delito. Una de esas conductas, más frecuente de lo que cabría esperar, es la de mirar el teléfono de nuestra pareja sin su consentimiento.

Esta acción, además de ser una total falta de respeto y de educación, es además ilegal en España. Lejos de ser tan solo una travesura, al hacerlo se estaría cometiendo un delito de descubrimiento y revelación de secretos, contemplado en el artículo 197 del Código Penal. Aparte, se vulneraría el secreto de las comunicaciones, contemplado en el artículo 18 de la Constitución Española. Así, este tipo de acciones pueden suponer la vulneración de dos derechos fundamentales de todos los ciudadanos.

Es muy fácil tener acceso al dispositivo de otra persona, aprovechando que se ausenta o se despista, por ejemplo. A muchos les resulta demasiado tentador intentar desbloquear el móvil de su pareja para echar un vistazo a sus mensajes. Pero el citado artículo condena de forma explícita el simple hecho de leer los correos electrónicos o WhatsApps, por ejemplo, de otra persona sin su consentimiento.

Sin embargo, se cruza una línea roja cuando, al acceder a estos contenidos ajenos, se descubre un secreto que la pareja no desea que sea conocido por nadie más. Por ejemplo, una relación sentimental con otra persona o temas económicos o de negocios. No hay que olvidar lo que nos recuerda Gerson Vidal, abogado penalista en Valencia: “en el ordenador, y sobre todo en el móvil, es donde más información personal almacenamos”. 

La intencionalidad

No obstante, hay que dejar bien claro que no estaríamos hablando de un delito si alguien se entera de un secreto por casualidad. Por ejemplo, si nos dejan el teléfono para mostrarnos algo y, de pronto, entra una notificación que nos descubre algún secreto de su propietario. Debe existir, por lo tanto, una intencionalidad en este tipo de conductas. 

Con respecto a las consecuencias de ser denunciado por leer sin consentimiento los mensajes de otra persona, aunque sea esta nuestra pareja, Saray Contreras, abogada penalista de Dexia Abogados, explica que “si el juez considera probado este hecho, se le podrá imponer al acusado una pena de prisión de uno a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses.”

Gerson Vidal, por su parte, añade que “se trata de una pena conjunta, es decir que, junto a la pena privativa de libertad, se impondrá también la sanción pecuniaria”. A muchos podría parecerle este un castigo excesivo para tratarse de una relación de pareja, pero Vidal apunta que, “dentro de ese ámbito, las personas siguen teniendo intimidad personal y pueden mantener los secretos que estimen convenientes.”

La dificultad de probar los hechos

Estos casos tienen una complicación añadida, pues lo habitual es que no quede rastro documental de que alguien ha estado espiando el móvil de otra persona, salvo que el espía sea descubierto ‘in fraganti’ o cometa la torpeza de reprochar a su pareja lo que ha encontrado en su teléfono. Algo así es lo que refleja una sentencia del 26 de junio del 2019, por la que una mujer es condenada a un año y dos meses de prisión por leer una conversación confidencial en WhatsApp, haciendo capturas de pantalla que luego reenvió por correo electrónico desde su propio teléfono.

Si se quiere denunciar un hecho similar, Contreras anima a “acudir a la Policía o al Juzgado, relatando los hechos delictivos”. Y, a la hora de hacerlo, “lo más importante para probar la intromisión es que la víctima no se contradiga en sus declaraciones, pues es la única forma de desvirtuar la presunción de inocencia.”

Pese a todo, estos casos siguen siendo todavía poco frecuentes en la justicia española. ¿La causa? El desconocimiento de que este tipo de comportamientos constituyen un delito y el hecho de que un proceso judicial siempre requiere el testimonio de las personas del entorno de ambos, lo que disuade mucho a los afectados.

Aun así, Vidal lo tiene claro: “Cada vez habrá más condenas relacionadas con las nuevas tecnologías, así como con las nuevas formas de comunicación”.