Miércoles, 19 de febrero de 2020

Informar sí, alarmar no

Puede que la gripe sea de las enfermedades más antiguas de la humanidad. ¿Habrá alguna persona que no la haya sufrido alguna vez? Aunque de cuestiones médicas no tengo ni idea, me atrevería a decir que no; ni las vacunas han conseguido erradicarla por completo. Afortunadamente, la gripe, si vas al médico suele resolverse de forma espontánea en siete días, y si no vas, en una semana, pero en algunos casos puede agravarse debido a complicaciones que pueden resultar fatales, especialmente en niños pequeños, embarazadas, adultos mayores o personas con su estado inmunitario alterado, y no  son pocas las personas que fallecen cada año por una gripe que se complica con otras dolencias y deja de ser una simple gripe, y no causa alarma social, a todos nos parece algo natural. “Fruta del tiempo”, decimos en cuanto caen las primeras hojas y empiezan los primeros estornudos, pero ni huimos de nadie, ni nadie huye de nosotros, ni pensamos que todos vayamos a morirnos. Nos pase lo que nos pase son, simplemente, gripes, pero cuando a la gripe se le pone nombre ya es otra historia. Lo hemos visto con otras epidemias y ahora es con la localizada en Wuhan (China) y bautizada con el nombre de Coronavirus la que nos trae de cabeza.

Nadie está en contra de que se informe a los ciudadanos, nadie está en contra de que se tomen medidas para evitar que la epidemia se extienda, nadie está en contra de que las autoridades sanitarias aconsejen precauciones. Todos, por la cuenta que nos tiene y porque así debe ser, deseamos que el resto de los gobiernos ayuden al Gobierno de China en lo que sea necesario para combatir este virus que, además de tantas víctimas mortales, está causando muchos trastornos y dejará tras de sí muchas pérdidas económicas. También es bueno que      la Organización Mundial de la Salud alerte, sobre todo porque no todos los países cuentan con sistemas sanitarios como los nuestros, y las posibilidades de convertirse en pandemia son infinitamente más. Pero tanto se repiten los datos que la alarma social que está provocando  empieza a causar problemas en las comunidades chinas. Algunos propietarios de tiendas, tanto en nuestro país como en otros países, están sufriendo la pérdida de clientes, y los niños, en los colegios, empiezan a ser rehusados por sus compañeros, como si los virus entendieran de nacionalidades o se propagaran por teléfono. ¿Cabe mayor disparate? 

Sería estupendo contar con una vacuna que nos protegiera de estos ataques de estupidez, pero como de momento no es posible contar con ella y conviene evitar problemas de convivencia, bueno sería que se empezara a dosificar la información, que no significa ocultar los datos, significa, simplemente, no repetirlos tanto y difundirlos cuando se sabe el número de afectados y no cuando se trata de casos que todavía se están investigando.