Lunes, 19 de octubre de 2020

Javier Goñi: “Delibes nunca padeció el ocaso literario, murió con las botas (literarias) puestas, en plena madurez”

Desde 1976 ha ejercido como periodista cultural y crítico literario en numerosos periódicos y revistas. Fue asesor del programa de libros de TVE Tiempo de papel, en los años ochenta
Javier Goñi

Javier Goñi conoció a Miguel Delibes desde siempre, desde siempre estuvo cerca del escritor, tanto por sus libros, como en el Norte de Castilla, donde hay que reconocer que Delibes marcó una época; esa proximidad, ese conocimiento hacen que el libro del que hoy hablamos y que tiene la friolera de 35 años, reeditado primorosamente por Fórcola Ediciones, con motivo del centenario del nacimiento de Delibes, sea uno del textos indispensables para acercarse a don Miguel de la mejor manera, para conocerlo más a fondo, y para redescubrirlo y releerlo…Al terminar estas “Cinco horas con Miguel Delibes” guiados por la mano de Goñi, tenemos algo muy claro Delibes sigue siendo imprescindible.

Pregunta: 35 años desde su primera edición es mucho tiempo, y parece que el mundo ha cambiado mucho, y sin embargo estas conversaciones con Delibes siguen resultando frescas e interesantes.

Respuesta: Sí, efectivamente, ha pasado mucho tiempo desde 1985, cuando apareció, en su primera salida, este libro de conversaciones con Delibes; tanto que entonces todavía podía hablar él de OTAN y de Pacto de Varsovia… Esta nueva edición, aumentada –aunque no diría que mejorada, sería poco cortés-, contiene en esencia aquellas cinco horas, de lunes a viernes, cada día una hora más o menos estirables como plastilina, que mantuve con el escritor de Valladolid, mientras fuera, en la calle, empezaba a atardecer, y anochecía. Tiene sentido esta nueva salida, porque Miguel Delibes nunca fue –nunca quiso serlo- un hombre de ideas, sino de intuiciones –como él decía-, y las que tuvo, algunas, pocas, fueron firmes siempre y por eso hoy como ayer siguen vigentes y dan idea del hombre que fue.

Pregunta: Delibes para muchas generaciones de lectores ha sido una presencia constante, pero quién lee ahora a Delibes, ¿tiene nuevos lectores?

Respuesta: Tengo la impresión de que Delibes siempre ha tenido lectores y que en su caso ese olvido que acompaña como una losa a los escritores fallecidos no es tan pesado como –por citar a dos magníficos escritores, cada uno con sus aciertos, y que son de su generación: pienso en Torrente Ballester, tan ligado a Salamanca en las últimas décadas de su vida, o en Cela. En vida fue muy popular y leído, y considero que se le sigue leyendo, y si no fuese así, yo animaría, desde estas líneas a que se le leyera: hay mucho donde escoger, sus novelas o sus libros de caza o pesca –no hay que ser aficionado a ambas actividades para disfrutarlos.

Pregunta: La versión teatral de Señora de rojo… así como la representación casi constante de Cinco horas con Mario, Los santos inocentes… lo sitúan siempre en la actualidad, un autor casi de la familia.

Respuesta: Bueno, él era muy partidario de las familias numerosas, la suya lo era, así que sus lectores, los de siempre, los de ahora –si los hay, que sí que los hay-, formamos parte de esa familia lectora, sin olvidarnos de sus inolvidables –aquí se admite la redundancia- personajes literarios, que yo quiero imaginármelos, en primeras filas, como escribo en la parte añadida en esta recuperación de mis “Cinco horas con…”, oyendo a Delibes, en Alcalá, en el acto de recogida de su merecido Premio Cervantes, cómo el escritor se sentía viejo –ya entonces- y cómo, no obstante, mientras tuviese cabeza, o sea impulso literario, seguiría escribiendo y así lo hizo hasta el final, dejándonos en 1998 su última novela, “El hereje”, una novela extraordinaria, un novelón: Delibes nunca padeció el ocaso literario: complicaciones de salud le amargaron sus últimos años, pero murió con las botas (literarias) puestas, en plena madurez. Y le dio tiempo a envejecer, a jubilar a su Lorenzo, el bedel de Valladolid. Y a escribir esa conmovedora novela, “Señora de rojo sobre fondo gris”, a cuya reciente versión teatral aludías en la pregunta –otro tema que trato en las páginas añadidas es su relación con las versiones teatrales y cinematográficas que se hicieron de su obra, y que de todo hay como en la viña del señor, que se decía antes.

Pregunta: Y en contraposición esa otra imagen del Delibes hosco, serio, triste, que yo creo que le ha perjudicado

Respuesta: Delibes fue un hombre pesimista –le venía de familia, de los Delibes, decía-, un pesimismo que lleva a sus novelas, claro está, y que tenía una especial manera de valorar lo que era el progreso –no las prisas o el ruido urbanita de nuestra sociedad actual-, lo que le confería una cierta hosquedad: como me dice –me dijo- en el libro, no le gustaba el mundillo de vanidades literarias, la fama de dimes y diretes, de hoy por ti, mañana por mí, venir a la Corte le costaba Dios y ayuda, pero era un atento lector que estaba al tanto de lo que hacía en literatura, de lo que pasaba en el mundo y en España, y era para hacer círculo de amistades o de afinidades bastante desconfiado, como su (disputado) señor Cayo…  

Pregunta: Tampoco me parece que le beneficia esa imagen de autor que hay que leer y recomendar en los institutos, que parece que acota al escritor en una edad determinada y pasado ese tiempo…

Respuesta: Puede que eso sea cierto, y de serlo sería un error. Yo no he llegado –por edad- a tener en el colegio, en el instituto lecturas obligadas. Nadie me obligó a leer nada de Delibes, o de quien fuese, y eso quizás hizo que, en mi caso, me enraizase de forma natural, y por tanto con más fuerza, con su obra. A mi hijo, cuando tenía 14 o 15 años, en el instituto le pusieron, valga como anécdota, de lectura obligada “El príncipe destronado”, que aunque a Delibes le gustaba mucho, y llevaba dibujos infantiles de uno de sus hijos, a mí no me parece –en mi gusto personal- una de sus mejores novelas. A mi hijo tampoco le gustó nada, sigue prefiriendo “Las ratas” o “El camino”, sus títulos de siempre…

Pregunta: Fue un hombre de ideas firmes en lo que se refiere a Castilla y sus gentes a eso tan moderno de la España vaciada que ya encontramos en sus libros, a esa preocupación por la naturaleza…

Respuesta: Como decía Azaña –creo- siempre se escribe de lo que uno tiene más próximo y por eso –añado- hay tanta literatura del yo, tanta autoficción (entre otras razones, claro, que no vienen al caso). Delibes, como cuenta en la primera hora de este libro de conversaciones, el de su infancia, siempre estuvo en contacto con la naturaleza, desde que su padre, siendo un niño, cuando todavía no podía sostener él solo la escopeta, le llevaba por esas tierras castellanas, que tan importantes y decisivas han sido en su vida periodística–las campañas de denuncia del abandono de estas tierras castellanas y leonesas en El Norte de Castilla, que le costaron su obligada renuncia a la dirección del diario por chantaje por persona interpuesta por parte del Ministro Zeus Tronante don Manuel Fraga, tal como cuenta con detalle en este libro-, en su vida literaria y también, desde luego, como ciudadano. Todo este amor por la naturaleza junto a su pesimismo –que lo llevaba de casa- por el porvenir de este mundo que agoniza le llevó a planteamientos que yo llamo de ecologismo humanista.

Pregunta: En esta edición, preciosa de Fórcola, están esas cinco horas con Delibes  cinco tardes de 1985, y ahí están sus grandes temas, sus obsesiones, su pesimismo,  capítulo a capítulo y dos entradas nuevas 

Respuesta: Sí, claro, siempre fueron esos sus temas, su preocupaciones, de ahí la actualidad de sus palabras de entonces, de esas cinco horas con él, en el que intenté abarcar su vida como escritor y como hombre de su tiempo, el que le tocó vivir, y el que nos toca vivir, ahora, a sus lectores, cuando él ya no está. Lo que hecho en esta versión ampliada es introducir dos textos nuevos. Uno, de carácter más personal: mi relación con Valladolid en mi juventud, en ese tiempo en que viví allí; mi relación con El Norte de Castillo, donde hice mis primeras prácticas periodísticas y me dejo sumergir en el mar azul de la nostalgia; y por supuesto mi relación con Delibes que se fue intensificando en entrevistas y reseñas, según intensificaba mi propia vida periodística como informador cultural y crítico literario. Y el segundo texto intenta paliar lo que no pudimos hablar más en ese año 1095; es decir me ocupo, como periodista y crítico, de lo que Delibes escribió posteriormente hasta “El hereje”, su última novela. 

Pregunta: Y esa nómina de periodistas que salieron de su mano, Leguineche, Umbral, usted mismo…

Respuesta: Bueno entre Umbral y “usted mismo” –yo- hay un largo etcétera. Delibes fue, sin duda, un gran director de periódicos, que supo reunir a un equipo estupendo de plumas que fueron floreciendo… Fue la Escuela de El Norte de Castilla, una página brillante del periodismo español. A mí como periodista en prácticas me tocó aquel verano de 1975 e invierno de 1976 –y qué época aquella- corregir y pegar las crónicas de Umbral, de Oneto, de tantos, y aprender de ellos.

Biografía

Javier Goñi (Zaragoza, 1952), es licenciado en Literatura Hispánica y Ciencias de la Información. Desde 1976 ha ejercido como periodista cultural y crítico literario en numerosos periódicos y revistas. Fue asesor del programa de libros de TVE Tiempo de papel, en los años ochenta.

Desde 1992 se ocupa de la narrativa española en el suplemento cultural Babelia, de El País. De 1985 a 2017 trabajó en el Departamento de Comunicación de la Fundación Juan March. Ha sido jurado en numerosos premios literarios y, como Vicepresidente de la Asociación Española de Críticos Literarios, ha participado en los Premios de la Crítica.

Ha colaborado en varios libros colectivos y antologías de relatos, y entre sus últimos libros destacan Milhojas de Sentido (La Isla de Siltolá, 2014), y A contrapelo, en la colección Baroja (& Yo) (Ipso Ediciones, 2019).