Jueves, 1 de octubre de 2020

En defensa propia

Moisés y Arón fueron al Faraón y le dijeron. “Así habla Yhavé, el dios de los hebreos ¿Hasta cuándo no querrás someterte a mí? Deja ir a mi pueblo para que me sacrifiquen. Si te resistes y no quieres dejarle, mañana traeré sobre tu territorio las langostas que cubrirán toda la tierra, sin que se vea nada de ella, y devorará todo el resto salvado del granizo. Así dice el libro del Éxodo[1], segundo de los canónicos que podemos leer en el Antiguo Testamento de la Biblia, unos textos recopilados muchos siglos atrás. 

Las langostas devoran el Cuerno de África. Cinco países afectados. Un drama para 620.000 personas, podíamos leer el pasado domingo en El País[2]. Esta noticia no es ningún mito, ninguna leyenda, es pura y dura realidad. Los 5 países afectados son: Etiopía, Eritrea, Kenia, Yibuti y Somalia. Separados por muchos siglos los dos textos hablan de terribles plagas.

Toda leyenda y todo mito, dicen los entendidos, se apoya en algún hecho real. ¿Por qué ha sucedido esto en el Cuerno de África?. Pues en la misma noticia, podemos leer: La intensidad de los ciclones y las lluvias torrenciales generan la plaga más devastadora de las últimas décadas. Las fotografías son aterradoras. La respuesta a por qué en estos países pobres las consecuencia son tan debastadoras precisaría un reflexión de otra índole.

Estas realidades que escuchamos o leemos casi a diario mientras desayunamos y a las que prestamos poca atención, nunca imaginamos que puedan suceder en nuestro país porque sólo suceden en países lejanos y pobres, nosotros estamos a salvo, al menos así creíamos. Pero, lo cierto es que las últimas catástrofes sucedidas en Australia (incendios), Estados Unidos (olas de frio polar) o las fuertes inundaciones que han sufrido varias regiones de nuestro país recientemente, parecen serias advertencia de que nuestra invulnerabilidad ha llegado a su fin.

Los hechos son que las temperaturas aumentan y con ello los polos se derriten y sube el nivel de los mares, también son hechos que cada vez hay más emisiones de gases de efecto invernadero y que esos cuestionables derechos de emisión se venden y se compran de forma vergonzosa en los mercados internacionales. En todo esto hay un acuerdo casi unánime en la comunidad científica. Y es así porque no estamos hablamos de opiniones, hablamos de hechos y los hechos no son cuestionables. Es cierto que existen quienes niegan esto, como también hay personas que mantienen que la tierra es plana y argumentan que es una conspiración de la ciencia moderna hacernos creer que es redonda. Por cierto, aunque se salga un poco del tema de hoy, les dejo el enlace de los que se definen como “Terroplanistas[3]” porque merece la pena leer sus argumentos.

En mi opinión lo que subyace detrás de esa incredulidad ante cambio climático es de la misma naturaleza que la que se da entre los terraplanistas, la negación psicótica, que en psicología se define como total afectación de la capacidad para captar la realidad, porque como acertadamente afirmaba Isaac Asimov negar un hecho es lo más fácil del mundo. Mucha gente lo hace, pero el hecho sigue siendo un hecho.

Un problema de dimensiones globales precisa de soluciones globales. No estamos en una fase de pre-emergencia, estamos ante una urgencia extrema, porque tal vez ya hayamos sobrepasado el punto de no retorno pero, aunque así fuera, habrá que intentarlo por pura supervivencia.

En la última Cumbre del Clima celebrada en nuestro país a finales del pasado año, los responsables de las naciones convocadas informaron sobre las medidas que han puesto en marcha y las que propondrán para la próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima que tendrá lugar este año. Algunos compromisos, no demasiados, han sido aceptados, pero su grado de cumplimiento deja mucho que desear. 

Recuerdo una viñeta que vi hace tiempo y siento no recordar el autor porque era muy sugerente. Frente a una gran manifestación encabezada por una gran pancarta en la que se podría leer “Salvemos el planeta”, se encontraba el mismísimo planeta que le decía a los participantes: Mejor intentar salvaros vosotros. ¿Qué más le da al planeta que estemos aquí nosotros o sólo las cucarachas? ¿Qué más le da al planeta que el agua sea o no potable o que en los mares haya o no peces? ¿Qué más le da al planeta que el aire este contaminado o que las temperaturas sean de 60º o 100º a la sombra o que haya plantas, bosques o animales? Él seguirá aquí. No se trata de salvar el planeta, se trata de que la supervivencia de nuestra especie, por tanto la lucha contra el cambio climático es una lucha en defensa propia.

Ya lo advirtió Víctor Hugo, dramaturgo y novelista francés del siglo XIX: Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras los seres humanos no la escuchan.

 


[1] Éxodo 10, 4-6. Sagrada Biblia 7ª Edición 1944

[2] 2 de febrero. Sociedad. Página 23