Miércoles, 19 de febrero de 2020

Mentiruscos con piedras...

La clase trabajadora puede equivocarse al dar su voto y como es mayoría puede no acertar al elegir sus gobernantes, pero igualmente, en cualquier momento, puede decidirse y hacer fracasar a un gobierno obligándole a convocar nuevas elecciones. Es algo que a tener muy presente por los llamados a gobernar y por ello parece, en principio, obligado considerar el reparto equitativo de cargas y beneficios. Si los países civilizados y prósperos son aquellos en los que se ha conseguido formar una clase media amplia y numerosa, es evidente que esto no se consigue más que con la contribución de capas sociales cada vez más extensas que acceden a un consumo de bienes culturales y económicos de forma continuada. Esta situación no es posible sin la implantación y  mantenimiento de medidas socioeconómicas capaces de corregir y superar los inevitables momentos de crisis que conducen, como es palpable actualmente, primero a los recortes salariales y, al final, a que muchas empresas cierren o reduzcan sus plantillas, dejando en el paro, a sus cuadros de trabajo. Si estos parados, a pesar suyo, ven reducida o se quedan sin su protección o subsidio, no sólo son víctimas de un egoísmo político y social, sino que, reducen la masa consumista y de ahorro hasta límites peligrosos para el cuerpo social entero.

Umberto Eco afirmaba que los héroes populares tranquilizan la conciencia de la colectividad. En el principio de nuestra democracia la fe en el grado de cumplimiento de las promesas electorales estaba intacta pero a día de hoy está totalmente destruida. Por ello es posible que se mitificara a la izquierda de quienes ganaron las elecciones de 1982 ya que las circunstancias llevaron que estos no tuvieran ningún bagaje de gobierno o de experiencia de gestión susceptibles de ser valorados, salvo un programa atractivo que todavía debía demostrar su viabilidad y si realmente se basaba en un análisis exhaustivo de la realidad. La ilusión de un país virgen llenó las urnas con diez millones de votos procedentes de todos los sectores ideológicos y sociales. Pretendieron defender los intereses de las clases desfavorecidas que justificaban sus discursos desde la oposición. Las responsabilidades cambian la visión de la realidad. Pasaron del pragmatismo aplicado a la labor de oposición al que se practica cuando se tiene el poder de obtener más poder para tratar de no perderlo. El estado de enfrentamiento y mentiruscos con piedras al que nos enfrentamos se ha olvidado del pragmatismo y vamos camino de las piedras.

La memoria colectiva es escasa, y poco efectiva, aunque subyacen ciertas estructuras mentales. La rapidez con la que se suceden los acontecimientos hace que no pueda fijarse suficientemente lo positivo y lo negativo de lo que ocurre y recordarlo. Se sabe todo sin recordar mucho. Muchos fueron los que llegaron cortos de equipaje y nos dijeron que cuando se fueran lo harían de la misma forma. Máxima del poeta que, desde su punto de vista, les otorgaba una legitimidad de la que carecían los demás. Pero la legitimidad debe ser bien administrada, ya que es un cheque en blanco que otorga la ciudadanía a quien gobierna durante un determinado tiempo para que defienda sus intereses. Con el tiempo la frase del poeta empezó a estorbar, al no buscarse nuevas fuentes literarias y cuando se ensanchó la distancia entre los admiradores y sus comportamientos. Podemos pensar, a estas alturas de la película y sin dudarlo, que la historia desgraciadamente se repite y se ha ido repitiendo.

El actual momento social y económico tiene otros condicionamientos y se mueve bajo otras preocupaciones y signos. Pero es posible que, ahora, conseguida en parte cierta dignidad física en las personas, empecemos a darnos cuenta que sí existe algo que defender o perder en el nivel psíquico, ético y moral de nuestra sociedad. Hay que acordarse nuevamente del poeta y volvernos a llenar de contenido para que nadie le dé por llenarse de nuevo las alforjas.