Viernes, 28 de febrero de 2020

El ‘techo de cristal’ de la mujer en la ciencia disminuye progresivamente

Valoramos el papel fundamental de la mujer en la ciencia con diferentes testimonios y partiendo de un término muy empleado en este ámbito, como es el de ‘techo de cristal’.
El informe 2019 del CSIC coloca el ‘techo de cristal’ en un 1’37 | Foto: Lydia González

El ‘techo de cristal’ es un término que preocupa en el mundo de la ciencia a la hora de valorar la presencia que la mujer ocupa en puestos de relevancia dentro de él. Por explicarlo de algún modo, se entiende por ‘techo de cristal’ las barreras a las que las mujeres trabajadoras altamente cualificadas (como puede ocurrir en muchos casos en la parcela científica), se ven expuestas y que les impide alcanzar un puesto jerárquico más elevado. De un modo más genérico, no solo para hablar de desigualdad entre hombres y mujeres, se emplea también para referirse a diferenciación de razas, estamentos o generacionales.

En la ciencia se habla mucho de este término que preocupa a estamentos tan importantes como pueda ser el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, más conocido como CSIC. Según apuntan en el último Informe de Mujeres Investigadoras presentado, del pasado año 2019, el ‘techo de cristal’ ha disminuido considerablemente desde el año 2.000. En este caso, calculan este índice relativo, comparando la proporción de mujeres en las tres categorías investigadoras respecto a la proporción de mujeres en la categoría de Profesores de Investigación. Un índice 1, indicaría que no existe desigualdad entre hombres y mujeres, y el último dato que plantean en este informe, coloca el ‘techo de cristal’ en un índice de 1,37.
 
El trabajo realizado por muchas de las mujeres que conforman el CSIC y el esfuerzo empleado en demostrar la misma capacidad que pueda tener un hombre, han hecho que esta cifra vaya descendiendo progresivamente. Rosa Menéndez, Presidenta de CSIC, señala en el citado informe que en el Consejo Superior “se ha hecho una apuesta decidida por conseguir la igualdad de género en su funcionamiento. La situación que refleja este nuevo informe de las mujeres investigadoras sobre la carrera científica del género femenino en el CSIC, indica un avance hacia la igualdad real”. Desde su cargo, Menéndez, se compromete a que la igualdad entre los investigadores más jóvenes, perdure cuando éstos ocupen cargos de relevancia.

Si perseguimos esa idea de igualdad entre hombres y mujeres en la ciencia, hay que hablar de un nuevo estamento cuya andadura se inició el pasado año bajo el nombre ‘Observatorio Mujeres, Ciencia e Innovación’, que aboga por la igualdad de género en el Sistema Español de Ciencia, Tecnología e Innovación. Este órgano colegiado interministerial tiene la responsabilidad de analizar y realizar el seguimiento y medición de impactos sobre la situación de las mujeres en el ámbito de la investigación el desarrollo y la innovación. Con él se pretende lograr la igualdad real y efectiva en la participación del género femenino en todos los niveles y ámbitos de la ciencia, además de conseguir la integración adecuada del análisis de género en el contenido de las políticas, programas y proyectos de I+D+I. Contando con apoyos tan relevantes como el del OMCI, es si cabe más fácil pensar en un futuro más esperanzador para las mujeres en la ciencia.

Papel prioritario de la mujer en la ciencia

La historia de la ciencia, indiscutiblemente ha estado vinculada a la mujer; y lo sigue estando. Una de las últimas pérdidas que ha tenido la ciencia ha sido la de la primera mujer Honoris Causa de la Universidad Pontificia de Salamanca, Margarita Salas. Citando este dato, también podríamos recuperar el mencionado ‘techo de cristal’, pues muchos son los hombres Honoris Causa en esta institución privada, pero hasta el pasado año 2019 no hubo ninguna mujer. Acompañó a Margarita, investigadora del CSIC en el Centro de Biología Molecular ‘Severo Ochoa’, la filósofa Adela Cortina.
 
También el pasado año, la mujer tuvo más representación en los Premios Nacionales de Investigación, siendo tres, frente a dos hombres, las premiadas. Si bien es cierto que el jurado destacó la extraordinaria calidad de todas y cada una de las candidaturas, cabe remarcar que la mayoría de los galardonados fueron mujeres y las tres pertenecientes también al CSIC. El Premio Nacional Ramón Menéndez Pidal en el área de Humanidades recayó en Mercedes García-Arenal; el Premio Nacional Leonardo Torres Quevedo en el área de ingenierías, en Susana Marcos, además salmantina; y el Premio Nacional Santiago Ramón y Cajal en el área de Biología, recayó en Ángela Nieto, escribiendo así, con letras de oro, un hito en la historia de la ciencia española.
 
En la Universidad, la desigualdad cada vez es menor

La Universidad es el marcador oficial que nos hace prever cuál será la tendencia futura de la mujer en la ciencia. Es el núcleo en el que nuestras futuras investigadoras se forman; y la desigualdad continúa siendo evidente, salvando alguna excepción. Según los datos del Ministerio de Educación y Formación Profesional, el pasado año hubo 2.601 mujeres que escogieron ciencias frente a 2.209 hombres. Esta superioridad en cifras de mujeres matriculadas cambia a nivel nacional, puesto que en España 13.690 mujeres eligieron estudiar carreras de ciencias, frente a los 19.007 hombres que lo hicieron.