Lunes, 3 de agosto de 2020

Una ‘copia de seguridad’ ante cualquier imprevisto

Nada se deja al azar en el funcionamiento de un Banco de Germoplasma, de ahí que se adopten sencillas medidas para evitar que se pierda el trabajo de décadas

¿Y qué pasa si una avería ‘tira’ el sistema eléctrico del que depende la supervivencia de las variedades que integran un Banco de Semillas? A priori, nada porque se han adoptado las medidas de precaución necesarias. La ‘copia de seguridad’ de un Banco de Semillas no tiene demasiado misterio. Consiste en enviar duplicados de esas semillas a otros Bancos. A la vez, el de Germoplasma de la USAL custodia también referencias de todo el mundo, una especie de SGSV -el mayor banco de semillas del planeta, situado en la isla noruega de Spitsbergen, en pleno archipiélago ártico de Svalbard- en miniatura.

En este caso la suerte juega también un papel determinante. El director del Banco de Germoplasma de la Universidad de Salamanca, José Sánchez, no se puede quitar de la cabeza la cantidad de muestras enviadas desde todo el mundo a Alepo, en Siria, cuando allí no había atisbo de guerra. Quien sabe qué habrá sido del Banco de Germoplasma local y sus fondos. Pero, incluso si ha desaparecido por completo, muchas de las especies vegetales de la zona seguirán teniendo garantizada su supervivencia porque se custodian en lugares similares del resto del planeta.

Bajando un peldaño, esa misma política de conservación también se aplica en nuestro territorio, de ahí que las colaboraciones con otros centros similares sean una constante. El de Salamanca, de hecho, mantiene un estrecho vínculo con el de Gijón. Por eso aquí, a orillas del Tormes, se conservan semillas de la centaura de Somiedo, una planta amenazada y endémica en la cordillera cantábrica que encontramos tanto en el norte de Castilla y León como en el sur de Asturias. Sus semillas, de uso medicinal, son muy características de Babia, en León, y del valle asturiano de Somiedo, del que toman su nombre.

Ejemplos como este hay otros muchos. Contribuyen a dar sentido a un trabajo callado pero determinante para la supervivencia de la humanidad porque ¿acaso hemos pensado alguna vez cuánto duraríamos sobre la faz de la tierra si no estuviéramos rodeados de vegetación? En vez de buscar una respuesta a esa hipótesis, la Universidad de Salamanca prefirió actuar.