Sábado, 11 de julio de 2020

La provincia de Salamanca cobija tres especies vegetales amenazadas

Localizadas en la zona de Arribes, Linares de Riofrío, Béjar, la Honfría y Montemayor del Río

Imagen de las tres especies vegetales en peligro de extinción en la provincia

El ser humano vive, hoy por hoy, del cultivo de no más de una docena de especies de plantas. En todo el mundo se cultivan unas 150 de las 300.000 conocidas. Algunas corren serio peligro de desaparecer si no se toman medidas. Y en Salamanca se han tomado para proteger a las tres especies vegetales amenazadas de las que se tiene constancia en la provincia. De esa tarea se encarga el Banco de Germoplasma de la Universidad de Salamanca, ubicado en el Centro Instituto Hispano-Luso de Investigaciones Agrarias (CIALE).

Los focos están puestos sobre el Dragón de las Arribes (Antirrhinum lopesianum), una planta que vive en las fisuras de las rocas. “Es preciosa, prácticamente blanca y con una flor muy bonita”, explica el director del Banco, José Sánchez, al que le puede la pasión por un mundo al que ha consagrado su vida.

Junto a su equipo también están muy pendientes de lo que sucede con la Delphinium fisun, concretamente la subespecie sordidum, una planta con problemas para germinar capaz de llegar al metro y medio de altura y que da unas flores de un intenso color azul oscuro que únicamente se pueden ver en las Arribes, Linares de Riofrío, en la parte alta del Bosque de la Honfría o en la ciudad de Béjar, junto al río Cuerpo de Hombre.

La tercera lupa del Banco de Germoplasma se posa sobre Montemayor del Río, hábitat de la Omphalodes brassicifolia, una planta serrana “de zonas bajas” de la que se obtienen frutos “preciosos”.

De acara a su conservación, el protocolo establece que solo se puede tomar el 5 % de lo hallado. Así procedieron desde el Banco de Semillas salmantino con estas especies para poder catalogarlas, estudiarlas y posteriormente almacenarlas con el objetivo de que jamás lleguen a perderse.

Ocho especies regionales en peligro de extinción

No es esta, ni mucho menos la única acción destinada a evitar que se pierdan especies vegetales autóctonas pues el Banco de Germoplasma de Salamanca también protege ocho amenazadas de Castilla y León. Para ello, la colaboración es fundamental. En la comunidad solo existe otra instalación similar a la radicada en el CIALE. Se ubica en el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (ITACyL) y, mano a mano con el Banco de Germoplasma charro también ayuda a que podamos seguir admirando elementos que, más allá del patrimonio artístico -el que mejor y más rápido entra por los ojos- también conforman la peculiaridad de esta tierra.

Con ese objetivo en mente, los científicos no dudan en emplear su tiempo y en ocasiones incluso tirar también de su propia hucha para cumplir con su deber. Así lo han hecho para repoblar dos poblaciones de especies vegetales muy diezmadas en Padiernos (Ávila). Gracias a un convenio con la Diputación de Ávila y el Ayuntamiento sembraron un montón de semillas en un lugar donde, por ser tan cotidianas, se les había perdido el respeto sin reparar en que forman parte de la peculiaridad de la zona. Esos refuerzos, explican desde el Banco salmantino, son habituales. Al igual que las reintroducciones, como la que han llevado a cabo recientemente en Pinar de Hoyocasero, también en Ávila, “donde existen un par de cercados a los que se ha llevado de nuevo una planta que había desaparecido”. Acciones como estas ayudan a romper la rutina del laboratorio y dar sentido al ‘oscuro’ trabajo diario.

Como sucede en el caso de los insectos la finca Campanarios de Azaba, en Salamanca, es también un excelente campo de pruebas que recupera poco a poco su esplendor vegetal gracias a la convivencia de la especie humana junto a otras muchas que allí gozan de total libertad.