Jueves, 1 de octubre de 2020

La guitarra y la voz de Manuel Méndez

El cantautor salmantino Manuel Méndez

Como tantas veces ocurre, a Manuel Méndez se le han ido pasando los años en barullo y sostén imprescindible del asunto laboral. Lo que viendo siendo aquello del Paraíso: ganarás el pan…etc, etc…” Y aunque en su juventud salmantina y donostiarra viviera con intensidad el azote generacional de bandas, grupos y demás geniales desvaríos, dejó la música por un porrón de años para retomar aquel asunto que tanto le ocupó la mente en tiempos pasados, ahora, justo cuando los hijos ya andan solos y la cosa del laboro pasó a mejor vida.

 Manuel tiene porte de asustante portero de discoteca, pero engaña la apariencia. Por dentro, en sus intimidades mismamente, bulle un artista poliédrico y sorprendente, brillante además. Por roces y afinidades artísticas conocía su faceta como dibujante notable. Y a través del grupo poético-musical Homero fuimos conociendo su talento musical, renacido de aquellas hogueras de juventud.

 Y aconsejo pararse y disfrutarlo tranquilamente. Bebe Manuel de fuentes que a nuestra generación dieron sentido y, en muchos casos, conducta vital. Una generación de inusitada solvencia en el interés por asuntos de solidaridad y emergencia social. Hubo cantautores legendarios que echaron mano de lo más contestatario de nuestra poesía, como Paco Ibáñez (Alberti, Celaya, Goytisolo, Quevedo…) o Serrat (Machado, Miguel Hernández).

 Y también nos recuerda su voz, textos y bucles armónicos a gente necesaria en su órbita. Escuchando su CD, presentado a finales del mes pasado con éxito en la Biblioteca Torrente Ballester titulado “En soledad”,  acunamos atisbos de Aute o Hilario Camacho. Y, según en qué tema, un precioso y tierno poema de Carmen Prada, por ejemplo, titulado “Así madre” nos recordó a Amancio Prada. “Pediría volver” o “Cada otoño” abre resquicios temáticos de Sabina y escuchando “Ser gaviota” pensé en “Un velero llamado libertad”, de Perales.

 Pero todo ello son melancolías personales, no me hagan mucho caso. Uno tiene sus referentes inamovibles, y cada día que pasa más anclados aún. Manuel Méndez los pone a todos colocaditos en una batidora y el resultado es un tipo con una voz personal bien timbrada, que se escucha con indudable placer, perfectamente acoplada a un arpegiado sonoro acústico hábil y envolvente.

 Gente auténtica como Manuel Méndez llevan años en peligro de extinción. Ya quedan pocos. Nos cuentan con limpieza lo esencial: persona, guitarra y cosas que decir.