Jueves, 1 de octubre de 2020

Los sentimientos 

Cuando el mundo emocional (humor y emociones), que está  enraizado en nuestra fisiología, es valorado e interpretado por nuestro pensamiento hablamos de sentimientos. Los humanos percibimos, recordamos, interpretamos, analizamos y reflexionamos  sobre nuestra experiencia emocional. También  somos capaces de hacer hipótesis sobre las causas positivas o negativas de nuestros sentimientos, los acontecimientos y sucesos vitales, las relaciones interpersonales, etc.

Como resultado de esos procesos, interpretamos como creemos que somos, cuales son  los sentimientos característicos de nuestra personalidad. Podemos decirnos “soy una persona estable o inestable, neurótica o  estable, ansiosa o serena, deprimida,  eufórica u oscilante, etc. Es decir aplicamos palabras, ideas y hasta diagnósticos a nuestra vida emocional global.

De forma más popular, llegamos a hacer una valoración aún más global,  cuando  hablamos de felicidad o infelicidad. Términos muy imprecisos, por cierto.

La vida emocional global, referida al humor, las emociones y los sentimientos, puede etiquetarse profesionalmente desde varios puntos de vista: el del diagnóstico psiquiátrico y la  evaluación del grado de control que tenemos de nuestro mundo emocional.

Desde el primero, el psiquiátrico, hablamos, por ejemplo, de Depresión, Tristeza Crónica, Euforia o Disforia, Bipolaridad, etc. que se expresan en sentimientos, pensamientos y conductas que  consideran patológicas.

Desde los estudios sobre la personalidad suelen distinguir una dimensión llamada emocionalidad, que es un  continuo entre dos extremos: la estabilidad, serenidad o el autocontrol, en un lado, y la sensibilidad, irritabilidad o descontrol, en el otro.

Las personas más serenas emocionalmente suelen regular mejor sus sentimientos, se sienten dueños de ellos y no suelen sentirse desbordadas emocionalmente. Pueden tener una gran riqueza emocional, pero tienden a ser dueños de su humor, emociones y sentimientos. No es que sean necesariamente insensibles o frías o distantes, sino que pueden tener mucha inteligencia emocional. Acaban sufriendo menos, cometer menos errores con  los demás, etc. En definitiva usan más racionalmente su mundo emocional. Una ventaja para todo tipo de relaciones, el trabajo en equipo, etc. Aunque necesitan, si fuera un caso muy extremo, aprender a expresar y compartir emociones, para no parecer insensibles, fríos, invulnerables, etc.

Las personas con una hipersensibilidad, reaccionan de forma  emocional excesiva, con frecuencia se sienten desbordadas, son  impulsivas, etc. El humor, las emociones y los sentimientos les dominan, tienen grandes oscilaciones  emocionales, desde la alegría desbordante a la tristeza más desconsolada. Es decir,  regulan peor todo su mundo emocional, tienden a cometer más errores en las relaciones íntimas, sociales y laborales. Es más probable que sientan inestabilidad, nerviosismo,  inseguridad y vulnerables.

Uno y otro tipo pueden cometer excesos o aprender a conocerse y evitarlos. “Nada en demasía” decían los griegos y latinos.

Cada uno de nosotros se encuentra más próximo a uno de estos extremos, que, por otra parte, son compatibles con la normalidad; es decir, son rasgos de personalidad saludables, no patológicos.

Si usted quiere, puede autoevaluarse de manera sencilla colocándose en algún lugar de este continuo entre los dos extremos. ¿En qué lugar de la siguiente línea se sitúa?

 

 Personalidad                                                                                              Personalidad

Serena/racional                                                                   hipersensible-emocional

_________________I________________

¿Dónde cree que habría que situar a su pareja, determinados amigos, compañeros de trabajo, etc.?

Espero que las noticias sean buenas. En todo caso, sepa que todos podemos mejorar, esa es la autoeducación emocional.

Y a lo que estamos, con esta serie de textos: los humanos somos una especie digna de admiración. Un reto, para cada uno de nosotros.