Martes, 25 de febrero de 2020

Eupotosia mirifica y Mallota Dusmeti, las especies amenazadas que se recuperan en Salamanca

El caballito del diablo, también presente en la provincia, es clave en la merma de colonias de mosquitos potencialmente amenazantes para el ser humano

Imagen de las dos especies amenazadas

Un coleóptero y un díptero o, dicho coloquialmente, un escarabajo y una mosca. Son las dos especies que han encontrado un remanso de paz en la provincia de Salamanca, concretamente en la Reserva Natural Campanarios de Azaba. Situada en la comarca de Ciudad Rodrigo, es la primera finca catalogada como Reserva Entomológica de nuestro país.

Posiblemente allí pasen completamente desapercibidos para casi todo el mundo excepto para los científicos que monitorizan su actividad y también los cambios en el comportamiento de la especie o en el número de miembros de sus poblaciones. A ojos de un lego, podría parecer anecdótico poner tanta atención en la actividad de unos insectos, aparentemente intrascendentes, pero como todos los miembros del reino animal, también cumplen una importante función.

Respecto a los escarabajos, a nadie se le escapa que estos grandes caminantes son verdaderos expertos en trasladar la materia orgánica de un lado a otro e incorporarla a los diferentes suelos; es decir, aunque en apariencia parece que se ocupan de desechos -lo cual también es verdad- lo cierto es que con ese comportamiento nutren los suelos por los que pasan; los enriquecen.

En el caso de la mosca, con una apariencia muy similar a la de una avispa, juega un papel muy importante, como todas las de su especie, en lo que a la polinización se refiere. Sería un caso muy parecido al de las abejas, que tanto preocupa a los científicos. Algunos, como Manuel Portillo, doctor en Biología de la Universidad de Salamanca, tienen claro que el abuso de insecticidas o pesticidas está detrás de los problemas de estos himenópteros polinizadores que, quizá, son hoy por hoy los más beneficiosos para los seres humanos. No solo enriquecen las zonas en las que se asientan gracias al polen que trasladan en sus patas sino que son, además, depredadores de otro tipo de insectos que supondrían un problema para la flora o los cultivos.

Salvemos a los polinizadores

A juicio de Portillo es necesario buscar soluciones que bien podrían pasar por la prohibición de determinados químicos que, está demostrado, diezman las colonias de abejas. “Si no fuera por los polinizadores, las producciones agrícolas bajarían muchísimo a nivel mundial”, explica Portillo. Una merma severa o la desaparición de estos insectos representa una catástrofe global porque traería hambrunas.

Otra de las soluciones, apunta Portillo, consiste en acotar los bordes de las zonas de cultivo dejando esas franjas laterales sin uso agrícola para que crezca la vegetación. Ya se ha demostrado que dar ese paso mejora las poblaciones de insectos. Junto a la concienciación, la investigación también juega un importante papel para tratar de controlar a medio o corto plazo problemas aparentemente muy pequeños que pueden derivar en catástrofes de dimensiones incalculables.

Caballitos del diablo

El especialista llama también la atención sobre los caballitos del diablo, unos animales extremadamente delicados que solemos confundir con libélulas y cuya supervivencia depende de la calidad del agua. Presentes también en la reserva de Campanarios son los responsables de atenuar las consecuencias de enfermedades como el dengue, el zika o el chikungunya, transmitidas por picaduras de mosquitos que forman parte de su cadena alimenticia. Si desaparecen, el camino se despeja para unos insectos capaces de provocar serios daños al ser humano.