Domingo, 5 de julio de 2020

La Dehesa, un regalo para la diversidad entomológica de Salamanca

La escasa intervención del hombre y su amplitud, favorecen la llegada de insectos que, en un amplio porcentaje, contribuyen a mejorar nuestras vidas

Zona de Dehesa con su arbolado característico

Tres de cada cuatro animales vivos hoy por hoy en el planeta son insectos. El dato es abrumador y permite hacerse una idea del peso específico de estos en el reino animal y en nuestra vida.

En climas como el de Salamanca coleópteros, himenópteros, dípteros y lepidópteros suelen ser los más abundantes. Solo de los primeros encontramos ya 375.000 especies descritas. A lo largo de su carrera, Manuel Portillo ha tenido la oportunidad de estudiar muchas de ellas desde los departamentos de Biología Animal, Ecología, Parasitología, Edafología y Química Agrícola de la Universidad de Salamanca. Todos ellos integrados en la Facultad de Biología, disciplina en la que obtuvo el doctorado en 1982. Portillo es, además, uno de los fundadores de la Asociación Española de Entomología, que en los años 70 fue impulsada también desde las aulas de Salamanca.

En Salamanca, Zamora y Extremadura disponemos de un ecosistema natural muy propicio para el desarrollo de la diversidad entomológica.  Sucede, explica Portillo, en todo el suroeste salmantino, donde prima la Dehesa. La conoce como si fuera su casa. Un recurso de este tipo, donde la mano del hombre no es tan visible “hace privilegiada a la provincia de Salamanca”, afirma, categórico, este especialista que ha consagrado su vida profesional a entender a nuestros perpetuos compañeros de viaje.

Encinas y alcornoques dibujan el paisaje de la Dehesa, poblado también de matorrales. A nadie se le escapa que las zonas de vegetación más densa son refugios ideales para un alto número de especies de insectos. Sierras y dehesas son ricas y, debido a ello, permiten fijar población rural, atraida por la riqueza que estos animales ayudan a crear. No por casualidad, la provincia marca el paso en la apicultura regional. En las zonas de más cultivo, caso de La Armuña o del Campo de Peñaranda, esa biodiversidad, sin embargo, se resiente.

Los cambios de temperatura y de pluviometría pueden perjudicar o favorecer a determinados insectos. Por eso el cambio climático y las inesperadas anomalías que conlleva afectan de un modo directo a estos seres que apenas se ven, pero que deben estar. La comparativa entre dos frontales de sendos coches de la década de los 90 y la actual, viralizada a través de las redes sociales, ha propiciado que el gran público se dé de bruces con esa preocupante realidad.

Por ello, y por la cercanía a este tipo de animales a lo largo de su carrera profesional, lleva a Portillo a pedir consideración hacia ellos. Sin negar que tienen un lado negativo como transmisores de enfermedades, son en su mayor parte beneficiosos para el hombre, cuyo futuro está inevitablemente unido a ellos. Si una especie vive, la otra, también. “Hay que ser conscientes de ello y no pensar que todos son malos y matarlos”, reclama Portillo al tiempo que advierte que “cada uno tiene su función y deben ser respetados”.