Viernes, 21 de febrero de 2020

Cuando manda el corazón

“A veces nuestras mentes ven cosas que nuestros corazones desean” (Dan Brown)

Lo hemos oído, en multitud de ocasiones, lo han escrito, incluso cantado; me refiero a la frase que dice: ¡¡¡Cuando manda el corazón la razón nunca hace caso!!!  Y lo cierto es que servidor, al igual que muchos de ustedes, estarán en desacuerdo con esta elocuente frase. Y no creo que, los arrebatos, la rabia, la ira, la venganza etcétera, tengan mucho que ver con la perfecta bomba del corazón…

Y, que es nuestra mente, nuestro deseo de imponernos, nuestra falta de sosiego y la capacidad de raciocinio es: lo que asalta y provoca la incertidumbre y el acaloramiento. Y cuando perdemos esas capacidades, es entonces, cuando somos capaces de llegar a la disputa, la agresión, el desencadenamiento de la violencia, y donde no sabemos hasta qué punto del mal podemos ser capaces de producir, cuando afloran los instintos más bajos, que desata las pasiones más primitivas, cuyas emociones, y sentimientos se ven desbordados por la irracionalidad… Lamentablemente cada día, tenemos que sentir despropósitos, que en muchos casos aparecen en muertes, violaciones, y ataques en los que, el malsano corazón y la nublada razón, están muy graves.

Es el camino del coraje, palabra que proviene de  corazón. Valentía y cobardía son las dos caras de una misma moneda: el cobarde se deja llevar por sus miedos y se refugia en la aparente seguridad de la razón; el valiente reconoce sus temores y se adentra en lo desconocido. Apuesta por vivir en la inseguridad, con amor, en la confianza; es renunciar al pasado y acoger el futuro.

Son las personas que han optado por instalarse en la frontera. Más allá no, porque todavía no conocemos las leyes que gobiernan el caos. La inocencia perdida no puede recuperarse, pero es posible crear una nueva inocencia. (In Noccere: no hacer daño). Se evitan los peligros y se asumen los riesgos afrontándolos. Aunque la vida no tuviera sentido, tiene que tener sentido vivir.

El corazón siempre está dispuesto a arriesgarse, a asumir los desafíos, no a provocarlos; pues nadie puede ser probado más allá de sus fuerzas. Nadie sabe de qué es capaz hasta que llega el momento. La mente no es más que memoria. El camino del corazón es creatividad, es ingenio y sentimiento a la vez. La esperanza no es de futuro sino de lo invisible porque el futuro no consiste en lo porvenir, si no en lo que nos arriesgamos a buscar. No es una realidad, es una hipótesis.

Cada instante debe ser una celebración, sin cálculos ni prejuicios. Es preciso asumir la vida como un juego, ya que nadie nos pidió permiso para nacer. Jugar significa hacer algo por sí mismo, descubrir la luz interna de las cosas. La vida es un don, un quehacer que apuesta por la justicia, por la bondad y por la verdad como experiencia, no como creencia. Es absurdo apegarse a las cosas, como si hubiéramos de llevarnos algo más de lo que trajimos. La única forma de poseer es compartir con alegría.

Hay que vivir apasionadamente, vivir con coherencia, en la frontera del caos. Sugiere Nietzsche que es preciso llevar un caos dentro de uno si queremos alumbrar una estrella. Las instituciones fomentan el ansia de seguridad, para poder someternos. Quisieran ahogar la rebeldía para que no descubramos sus racionalizaciones contra nuestras legítimas ansias de saber y de sentirnos responsables; no los bueyes en que quisieran convertirnos.

La belleza de la vida es su misterio, que siempre nos coge de sorpresa. Una persona se vuelve humana cuando se hace responsable de lo que es. El mayor coraje es ser dichoso, ser libres y vulnerables para que puedan atravesarnos los vientos. Sin embargo estamos empeñados, en llenar las cárceles, hasta desbordarse…. Y eso es, una pena.

                Fermín González  salamancartvaldia.es                   blog taurinerías