Miércoles, 19 de febrero de 2020

Tractorada 1

     El jueves pasado, 30 de Enero, tuve que dejar mi coche –cargado con la compra, menos mal que no eran productos perecederos- a kilómetro y medio de mi plaza de garaje, una de las peores del centro histórico de la ciudad, a causa de la tractorada que inundaba nuestras calles principales colapsando el tráfico. Ningún malestar por mi parte, inmediata solidaridad con los agricultores y ganaderos convocantes; incluso la meteorología ayudó pues no era una mañana desapacible, sino luminosa y templada.

     Por primera vez la España vaciada tiene una minúscula representación en las Cortes; un diputado, Tomás Guitarte, y dos senadores, Beatriz Martín y Joaquín Egea. Más vale tarde que nunca y ya comprobaremos si trabajan por la España vaciada o sirven a alguno de los grandes partidos.

     Pero el vaciamiento del mundo rural español viene de lejos. Por mi parte, mis setenta y un diciembres me permiten ser testigo de que la Guerra Civil y sus consecuencias provocaron que mi padre, Antonio, q. e. p. d., y mi madre María Cruz, tuvieran que abandonar el pueblo donde nacimos pasando a la condición de urbanitas, lo mismo que mis tíos Eliseo, Mercedes y David. La mayor parte de mis tíos y sus respectivos cónyuges siguieron, no obstante, viviendo en el pueblo, incluida mi tía Patrocinio que vivía en Toro, pues su marido, mi tío Silverio, trabajaba como encargado de la finca de Villaster y más tarde en Villaguer, a escasos kilómetros. Mis bisabuelos debieron ser pequeños terratenientes, pero mis tíos, los que permanecieron en el pueblo se las vieron y se las desearon para sobrevivir y sacar adelante a sus familias a base de mucha austeridad y muy buena organización doméstica. Pero ni aun recurriendo a esas proverbiales virtudes rurales mis tíos Marcelo y Fide pudieron mantenerse en el pueblo y tuvieron que emigrar a finales de los sesenta al País Vasco, a Guernica concretamente, donde llegaron a trabajar y vivir unos setenta y cinco paisanos de mi pueblo.

     En el pueblo, en Malva, Zamora, en plena España actualmente vaciada, siguieron viviendo y permanecieron hasta su muerte José y su esposa Rosa, Ramón casado con Avelina –fallecida en Badajoz, donde vivió sus últimos años con sus hijos, Goyo –soltero- y Manuel, casado con Inocencia, que gracias a Dios y a su mala salud de hierro todavía vive, aunque en Valladolid; Eudoxia, esposa de David también vive, las dos únicas, en Madrid. Amparito, también soltera y madrina mía de Bautismo, falleció en Salamanca, un año después de mi madre. Pues bien, mis tíos casados tuvieron, si no me fallan las cuentas, veintitrés hijos, de los que solo vive en el pueblo mi prima Rosalía, hija de José y Rosa. Esto explica que mi pueblo, según el Instituto Nacional de Estadística, en 1910 tuviera 997 habitantes y en 2019 solamente 123…y aún creo que esta cifra es demasiado optimista.

     Como ya he contado alguna vez, tuve la suerte de colaborar, con mis escasas fuerzas infantiles y adolescentes, en la agricultura que practicaban mis abuelos y mis tíos, forzosamente ecológica por la escasez de liquidez para invertir en la necesaria e imparable mecanización del campo. Y así, las únicas máquinas que conocí en la economía familiar fueron la segadora mecánica arrastrada por las mulas Donosa, Airosa y Argelina –hoy sería una joya de arqueología mecánica-, la aventadora –fabricada en Casasola de Arión, Valladolid-, la máquina de picar carne y hacer chorizos y la máquina de coser Singer de mi abuela Amparo. Y la noria, movida por la burra Campaspeluda, que creo que fue el último animal de trabajo tuvieron mis tíos. También el carro, probablemente construido por el Sr. Augurio, en cuyo taller me extasiaba viéndole trabajar la madera y transformarla en un flamante vehículo de gigantescas ruedas que había que cuidar con mimo, pues no estaba fabricado conforme al principio de obsolescencia programada. Los dos primeros motores que adquirió mi tío Goyo fueron uno de gasolina, monocilíndrico, de dos tiempos, de marca “Rubio”, para la aventadora y otro, no recuerdo la marca, para permitir la jubilación de la burra en la tarea de sacar agua del pozo en la huerta.

     Bueno, me doy cuenta de que he ahondado en mis raíces, pero la tractorada es, ante todo, un grito, o mejor, un bocinazo hacia el futuro. Sobre ello intentaré volver la próxima semana, con estos y otros temas:

   -Ecologistas a la fuerza

   -Reserva natural de Europa

   -No hay mal que por bien no venga (saber hacer de la necesidad, virtud): Naturaleza para urbanitas… ¿qué pasa con los niños?

   -Turismo Rural

   -Agricultura y Ganadería ecológicas

   -¿Intermediarios de proximidad?

   -Algunos no se han ido del campo…

   -5G rural…