Miércoles, 19 de febrero de 2020

Con las venas abiertas

Escribió el uruguayo Eduardo Galeano en su popular libro “Patas arriba. La escuela de un mundo al revés”, que en América Latina: Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen.

Según los informe emitidos por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), América Latina ostenta, desde hace décadas, el poco honroso record de incluir en su seno los países en que se dan las mayores desigualdades sociales de todo el mundo y la situación cambia poco, incluso parece que va en aumento durante la última década. Los datos que arroja el informe son incompatibles con cualquier aspiración a una democracia real. Antonio Guterres, Secretario General de la ONU dice que las disparidades de ingresos y la falta de oportunidades están creando un círculo vicioso de desigualdad, frustración y descontento entre generaciones. Y es que según Oxfam hoy los ricos son más ricos que antes y los pobres más pobres.

La potencial fuerza económica y social que podría suponer una América Latina unida, siempre ha despertado recelos en las naciones que, a sí mismas, se llaman Grandes Potencias, y por eso han abortado de manera reiterada cualquier proceso de avance en justicia social y unificación que pudiera amenazarlas.

Tendemos a olvidar el pasado más reciente, abrumados y agobiados por sobrevivir en un presente acelerado y atomizado, pero sería bueno recordar aquí lo que se conoció como “Operación Cóndor”, una maniobra perfectamente orquestada que colocó al frente de algunas naciones latinoamericanas despiadados dictadores. El general Alfredo Stroessner presidió Paraguay de 1954 a 1989; el general Pinochet gobernó Chile entre 1973 y 1990, los también generales Rafael Videla (entre 1976 y 1981) y Hugo Bánzer (de 1971 a 1978, fueron dictadores de Argentina y Bolivia respectivamente. A esto hay que añadir el golpe de estado que se produjo en Brasil en 1964 e instauró una dictadura militar hasta 1985 y que se dio en Uruguay en 1973 dando comienzo a una dictadura cívico-militar hasta 1985. El objetivo final no era otro que desactivar una creciente movilización social que demandaba con fuerza una justicia real que pusiera fin a los injustos abusos de las élites de la región. ¿El pretexto? Pues como siempre la amenaza del comunismo.

Tras el fin de las dictaduras y una década, la primera de los años 2000, de cierto crecimiento económico se pusieron marcha algunas iniciativas políticas que trataron de atender las múltiples demandas sociales desatendidas durante años, pero los viejos fantasmas reaparecen de nuevo, la inestabilidad política crece y esto provoca una amplia y profunda desconexión entre los ciudadanos y las instituciones y dirigentes políticos que debieran representarlos.

Ya no se escucha el ruido de sables, pero el poder sigue estando en manos de los de siempre, aunque hoy hayan cambiado sus flamantes uniformes por trajes y corbatas carísimas. Sebastián Echenique, Presidente de Chile desde 2018, es ingeniero y empresario; Lenín Moreno, es empresario del sector turístico y presidente de Ecuador desde 2017; Jair Bolsonaro militar retirado y ultraderechista presidente de Brasil desde enero del año pasado; Mario Abdo Benítez empresario es presidente de Paraguay desde 2018; Nayib Bukele, es empresario y primer mandatario de El Salvador desde junio de 2019; Laurentino Cortizo Cohen, es empresario y presidente de Panamá también 2019. Algunos pueden ver esto como fruto de la casualidad, pero si a este grupo añadimos al señor Trump, parece claro que entre empresarios anda el juego y con él el futuro de toda América Latina, pues todos sabemos cuáles son las prioridades de los empresarios.

Evo Morales, huye a México y el gobierno interino quiere que regrese para ser juzgado en medio de una convivencia social radicalizada. En Venezuela conviven dos presidentes, porque Guaidó ha sido reconocido por muchos países, incluido el nuestro, que fue el primero en toda Europa, y cuenta con la inestimable ayuda de los Estados Unidos con Donald Trump a la cabeza. Sí, se trata de ese empresario - presidente que gobierna su país a golpe de redes social ignorando al Congreso y a al Senado.

La sociedad civil en Ecuador invade las calles para protestar contra las medidas de austeridad que el Fondo Monetario Internacional impone al presidente conservador Lenín Moreno y que supondrá importantes recortes en gasto público. En Chile la gota que ha colmado el vaso de la paciencia ciudadana ha sido la subida del billete de metro. Las acusaciones de corrupción, fraude electoral y violencia desmedida contra la población civil por parte del gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua, está generando un creciente clima de inseguridad en el país.

La cosa no es muy diferente en Argentina. Mauricio Macri, incrementó el coste de la energía eléctrica en un 1.300% y un 1.000% las tarifas de gas, generando una alarma social que el actual presidente, Alberto Fernández, aún no ha compensado. En Honduras el proceso electoral de 2017, que permitió mantenerse en la presidencia a Juan Orlando Hernández fue declarado fraudulento tanto por la oposición como por el grupo de observadores de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y mantiene un equilibrio inestable.

La venas abiertas de América Latina[1], así tituló un libro Galeano publicado en 1971, continúan abiertas, lo que casi le convierte en un profeta aunque en realidad era un atento observador, pero ¿a quién le interesa todo esto? O tal vez sea que resulta casi imposible caer en la cuenta de lo que está sucediendo porque para hacerlo y poder extraer alguna conclusión, si es que eso es posible, es preciso detenerse y realizar un análisis global que nos permita descubrir relaciones causa – efecto y esto no les gusta a los poderosos que prefieren nuestra ignorancia ya que sino tal vez nos atrevernos a pensar por nuestra cuesta y nos daríamos de muchas grandes mentiras.

García Márquez escribió: La interpretación de nuestra realidad [latinoamericana] con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Conocer es el primer paso para comprender y este el primero para amar. ¿Quién coserá las venas de América Latina.

 


[1] Las venas abiertas de América Latina. Publicado en 1971