Domingo, 31 de mayo de 2020

El hombre en busca de sentido

La historia nos brindó la oportunidad de conocer la naturaleza humana quizá como ninguna otra generación. ¿Qué es, en realidad, el hombre? Es el ser que siempre decide lo que es. Es quien ha inventado las cámaras de gas, pero también el que ha entrado en ellas con paso firme, musitando una oración.

Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido

 

Después de describir la psicología del prisionero del campo de concentración, hemos de reconocer que salir de aquel mundo ignominioso y volver al calor del hogar producía una maravillosa sensación de fortaleza interior. Tras haber soportado increíbles sufrimientos, ya no había nada que temer, excepto a Dios.

Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido

Este lunes hemos recordado el 75º aniversario de la barbarie nazi, representada por la liberación del campo de concentración y exterminio más mortífero, Auschwitz. La muerte rondaba cada día en cualquier rincón de los campos, hablar de ello es casi indescriptible y desgarrador, las víctimas nos obligan a ello. En él murieron más de un millón de personas, la mayoría judíos. Auschwitz, es una experiencia fundadora, que nos interroga sobre el sentido de la existencia humana. Descubrimos que hay realizaciones humanas que siendo posibles nos resultan imposibles de comprender. Cuando se desciende a los infiernos, nada vuelve a ser lo mismo (E. Sábato). En Auschwitz, lo real fue más allá de lo posible, en palabras de Hans Jonas, decimos lo decible, para referirnos a lo indecible.

El tema para El Día de la Memoria de las Víctimas del Holocausto, “75 años después de Auschwitz: recordación y enseñanza del Holocausto en pro de la justicia global”. Se quiere reflejar la importancia que sigue teniendo hoy, 75 años después del Holocausto, la acción colectiva contra el antisemitismo y otras formas de sesgo para garantizar el respeto por la dignidad y los derechos humanos de todas las personas en todo el mundo. António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, alentó en su discurso, sobre el auge del antisemitismo en el mundo. Comentó que éste “Toma nuevas formas, puede difundirse con nuevas técnicas, pero es el mismo viejo odio. Nunca podemos bajar la guardia”

En septiembre de 1942, Viktor Frankl, como muchos judíos de la ciudad de Viena, esperaban la llegada de la Gestapo. Fue sorprendido en la clínica trabajando y solo pudo llevarse el manuscrito de un libro que resumía su experiencia clínica y científica, fruto de muchas horas de trabajo. Fue conducido a su antigua escuela, donde se agrupaban los judíos que serían deportados a los campos de concentración. Allí, también estaban su esposa y sus padres. Su hermano Warter, en su intento de huir a Italia con su esposa, fue capturado por la policía y murió en Auschwitz en fecha desconocida.

Después de un tiempo en el gueto de Terezín, fallecerá su padre y después de dos años, será trasladado junto a su esposa y su madre a varios campos de exterminio, incluido el de Auschwitz-Birkenau, con el número de prisionero 119104. Es la historia de un hombre, como muchos que soportaron los campos, sometido a un trato cruel, pero se resistió a ser reducido a un número y a perder el sentido de su existencia.

Además de su internamiento, el rigor de la vida en los campos de concentración, la malnutrición, la vestimenta escasa, los piojos, el tifus; en ellos, fue perdiendo a sus seres queridos, a su madre y a su esposa, embarazada de su primer hijo. Su esposa fue obligada a abortar al ingresar en Auschwitz, ya que los nazis no permitían dar a luz a las mujeres judías. Antes de consumarse el aborto, decidieron poner nombre a su hijo, al que dedicará su libro Psicoterapia y humanismo, manuscrito que pudo reconstruir en las noches en vela en los campos nazis y reconstruido nada más salir: “Para Harry o Marion, que no han nacido todavía”

La única posesión en los campos, según cuenta Viktor Frankl, es su existencia desnuda, ya que lo poco que pudieron conservar lo tuvieron que cambiar por un mendrugo de pan. El hambre era un compañero cotidiano, la desnutrición provocaba que el organismo consumirá sus propias proteínas y los músculos desaparecían, con lo que al cuerpo no le quedaba ningún poder de resistencia. La muerte se paseaba cada día por los barracones y, había que concentrarse en “salvar el pellejo”, desapareciendo cualquier atisbo de sentimentalismo. Comenta Frankl, que lo experimentó por sí mismo cuando le trasladaron desde Auschwitz a Dachau, al pasar por la ciudad que le vio nacer. Todos los que viajaban en su vagón se sentían más muertos que vivos, su transporte de dirigía a de Mauthausen y, pensaban que sólo les restaban una o dos semanas de vida.

Cuando peor lo pasaba en los campos de la muerte, la añoranza de su mujer, despertó en Frankl el sentido de la vida, sus recuerdos vivido junto a ella y sobre todo el amor que se tenían. Con esos recuerdos, va ha revestir su desnudez de resiliencia y de dignidad. Comenta en su libro El hombre en busca de sentido, que en esos momentos comprendió mejor a los poetas y el sentido religioso de la existencia: la salvación del hombre está en el amor y a través del amor. Comprendí cómo el hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad —aunque sea sólo momentáneamente— si contempla al ser querido. No sabía en ese momento si su mujer estaba viva, nos comenta en su obra que, si hubiera sabido que estaba muerta, se hubiera entregado al amor presente en su corazón y en sus conversaciones mentales con ella: "Ponme como sello sobre tu corazón... pues fuerte es el amor como la muerte". (Cantar de los Cantares, 8,6.).

Tuvieron más posibilidades de sobrevivir en los campos de concentración nazis, quienes se aferraron a la esperanza de volver a ver a un ser querido. La clave de la supervivencia consistía en asumir el sufrimiento y el dolor como un reto a superar y encontrarle un sentido. Comenta en el libro: “Cuando un hombre descubre que su destino es sufrir, ha de aceptar ese sufrimiento, porque ese sufrimiento se convierte en su única y peculiar tarea. Es más, ese sufrimiento le otorga el carácter de persona única e irrepetible en el universo. Nadie puede redimirle de su sufrimiento, ni sufrir en su lugar”.

A pesar de su resiliencia, cuando fue liberado de los campos, Viktor Frankl estaba física y psicológicamente muy debilitado, tubo que pasar unos meses de convalecencia en Múnich, donde se enteró de la muerte de sus seres queridos. En el verano de 1945, llegará a Viena sin familia, sin hogar ni cobijo, sin dinero, sin trabajo y casi sin amigos. Los pocos que le quedaban le ayudaron a encontrar un trabajo como neurólogo profesional, lo que le permitió unos recursos mínimos para sobrevivir. Pudo reconstruir su manuscrito perdido y quemado en los campos de concentración. Será publicado con el título de Psicoanálisis y existencialismo, con tres ediciones en un año. Es el momento que comienza a escribir las atrocidades vividas en los campos de la muerte, en principio como terapia, verbalizarlas le ayudarían a liberarse de la honda carga emocional, pero, sobre todo, para no perder la memoria.

El libro sobre su vida en los campos, apareció publicado en la primavera de 1946, con el título de Un psicólogo en un campo de concentración. En la primera edición, los ejemplares se vendieron con rapidez, pero en la segunda, la obra pasó desapercibida. Se publicará en Inglaterra con el título Desde el campo de la muerte al existencialismo, donde solo se vendieron cien copias. La editorial Beacon Press, lo catalogó como un “libro enfermo”, es decir, sin posibles lectores. A pesar de todo, lo publicarán, poniendo como condición, que añadiera al texto original, una breve exposición de los conceptos básicos de la logoterapia. Con este nuevo formato el libro salió al mercado con el título El hombre en busca de sentido. El éxito de esa edición fue deslumbrante, hasta la actualidad, que sigue siendo uno de los libros más vendidos y leídos del autor.

La vida humana no cesa bajo ninguna circunstancia, su significado incluye también el sufrimiento, las privaciones y la muerte. Vivir, comenta Viktor Frankl, es asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a las cuestiones que la existencia nos plantea y, cumplir con las obligaciones que la vida nos asigna a cada uno de nosotros en cada momento. El libro se ha traducido a más de treinta idiomas, Karl Jasper llegó a comentar que era “uno de los pocos grandes libros de la humanidad”.

 

Viktor E. Frankl (1905-1997) ha sido uno de los referentes más destacados de la psicología del siglo XX. Doctorado en Medicina y Filosofía por la Universidad de Viena, fundó la Logoterapia, denominada la Tercera Escuela Vienesa de Psicoterapia. Tras sobrevivir al Holocausto, fue profesor de Neurología y Psiquiatría en la Universidad de Viena y obtuvo la cátedra de Logoterapia en la Universidad Internacional de San Diego, California.