Lunes, 24 de febrero de 2020

La repoblación comienza en La Armuña y la alegría regresa a Villasrubias

Moriscos ha visto crecer un 510 % su población más joven en la última década

Un niña observa su pueblo

Detenerse a revisar los datos que deja el padrón en la provincia de Salamanca en los diez últimos años supone toparse con una llamativa lista de curiosidades entre las que llama la atención, sobre todo, el baby boom en La Armuña donde dos localidades, Moriscos y Castellanos de Moriscos, destacan sobre el resto.

Desde 2009, la primera, un municipio que aún en el inicio del siglo XXI mantenía la esencia del pueblo mientras trataba de buscar un uso alternativo para el edificio cerrado de sus escuelas, ha visto crecer un 510 % la población menor de 10 años al pasar de 10 a 61 niños correteando por las calles del pueblo. Y eso que no ha desarrollado ni el 20 % de un ambicioso plan de expansión urbanística diseñado antes de la crisis que contemplaba la construcción de cientos de viviendas unifamiliares.    

A tan solo un kilómetro, la localidad que le presta el apellido, Castellanos de Moriscos, también se ha encargado de repoblar el territorio armuñés incorporando 330 niños y niñas en la última década, un llamativo aumento del 182 %. La cercanía a la capital y los precios de la vivienda, todavía asequibles, están detrás de este fenómeno que deja sendos incrementos de población en ambas localidades de un 88 y un 163 %.

Esa tendencia se mantiene en el primer cinturón del alfoz, con Santa Marta, Villares de la Reina, Carrascal de Barregas, Cabrerizos, San Cristóbal de la Cuesta o Carbajosa de la Sagrada, tirando hacia arriba de la población. Eso sí, el dato aparentemente positivo esconde un reverso preocupante pues en Villamayor, Cabrerizos o Santa Marta de Tormes ese crecimiento de empadronados se sustenta en el aumento de residentes mayores de 65 años, que compensan la caída de población infantil.

A medida que nos alejamos de esa periferia de la capital, los datos son, salvo excepciones, bastante más desesperanzadores. Así sucede en Casafranca, que en estos 10 años se ha quedado sin niños, avanzando una tendencia a la que caminan muchos de los municipios de la provincia. Son mayoría los que pierden población joven. Llamativos son los casos de las comarcas de Alba de Tormes, Ledesma, Ciudad Rodrigo o Peñaranda donde apenas hay oasis de crecimiento. Lo mismo sucede en la zona de Arribes.

En la zona de Guijuelo resulta especialmente doloroso asistir a la caída en picado de Armenteros, donde el cierre del colegio de La Inmaculada ha supuesto un duro golpe y ha provocado un enorme desequilibrio. En la cercana Béjar, por su parte, la eterna sangría de población ha ido a un ritmo de casi 227 habitantes menos por año. De los más de 15.000 de 2009 se ha pasado a 12.739 en la actualidad.

Otras curiosidades se dan en Valdunciel, que en 10 años mantiene exactamente el mismo número de mayores de 65 años, 148; Buenavista y Negrilla de Palencia, donde el número de niños creció un 300 %, o Villasrubias, el pueblo salmantino que cuenta entre sus 271 habitantes a 5 niños, un porcentaje que, a priori, suena mísero pero que es motivo de enorme alegría pues palía la sequía demográfica del lejano 2009, cuando no había ni un solo infante censado en el pueblo.