Lunes, 24 de febrero de 2020

El tren del fin del mundo

Profesor de Derecho Penal de la Usal

Hace unos días y en un viaje por Argentina, he tenido la oportunidad de conocer un recorrido turístico de apenas 8 kilómetros, conocido como “el tren del fin del mundo”, que conecta el parque nacional de Tierra del Fuego con las proximidades de la ciudad de Ushuaia, al sur del país. El origen de esta línea férrea data de 1909 y fue creado para trasladar a los presos desde una cárcel construida años atrás en la ciudad austral hasta los bosques de la Tierra del Fuego para realizar trabajos forzados cortando árboles conocidos como “Lengas” y transportando la leña para construir viviendas, con el objetivo de poblar y explotar económicamente esta zona que se encontraba virgen y deshabitada.

En 1947, el gobierno de Juan Domingo Perón y ante la progresiva modernización del sistema penitenciario, ordenó el cierre de esa cárcel porque su régimen era cruel e inhumano. Con el cierre de la prisión el funcionamiento del tren ya no tenía sentido y con motivo de un terremoto que afectó a esta región, la vía férrea quedó completamente abandonada.

Ante la creación del parque nacional de la Tierra del Fuego, en 1960, se reactivó la actividad comercial y turística de la zona y los gobernantes tuvieron la feliz idea de restaurar la línea férrea con fines turísticos, dado que es una zona de excepcional belleza paisajística. Como el resto de la Patagonia, la Tierra del Fuego está rodeada de verdes montañas cubiertas en sus cumbres por nieves permanentes, una vegetación exuberante, además de lagos y canales de origen glaciar, que la convierten en uno de los enclaves más maravillosos del planeta.

Nada más subir en este vehículo me acordé de aquélla literaria metáfora de los trenes utilizada por Sabina “..Y los trenes eran animales mitológicos que simbolizaban la fuga, la huida, la vida, la libertad…” y al recorrer lentamente aquéllos increíbles enclaves se me representó la vía férrea de La Fuente de San Esteban a Barca d’Alva, abandonada desde 1985 en que se suprimió el transporte de viajeros y que 15 años más tarde, por RD 1934/2000, de 24 de noviembre, el gobierno español la declaró Bien De Interés Cultural (BIC) con categoría de Monumento, que cuenta con 12 puentes y 20 túneles en el último tramo de 17 kilómetros entre La Fregeneda y Barca d’Alva.

Y recordé que siendo diputado provincial de Salamanca por el PSOE (en la oposición) presenté por aquéllos años varias ruegos, preguntas y mociones en el Pleno Provincial solicitando que la institución provincial realizara inversiones en el “Camino de Hierro” (que así se denominó al último tramo) para reabrir la vía férrea como tren turístico, que, sin duda alguna, potenciaría notablemente los recursos económicos de la zona, también de belleza sin igual, como es la de las Arribes del Águeda en la comarca de Vitigudino. El equipo de gobierno provincial, por medio, tanto de su presidente como de su portavoz, me contestaba siempre que para la institución provincial era una prioridad esta inversión y que no harían como hizo el gobierno del PSOE en 1985, que cerro la vía, sino que con su reapertura dejarían claro su “alta preocupación por los intereses de la provincia en general y de la comarca de Vitigudino, en particular”.

Pasaba el tiempo, corrían los años y en los discursos patrióticos que el presidente de la Diputación de Salamanca y los diputados del equipo de gobierno del PP siempre pronunciaban en la legendaria fiesta de “El Almendro” en La Fregeneda, prometían que se realizarían las inversiones oportunas para que el proyecto turístico fuera una realidad de forma inmediata. El último proyecto aprobado, ya con el actual presidente, Javier Iglesias, es de hace casi dos años y también entonces se dijo que el proyecto estaba prácticamente terminado. Mentira tras mentira.

Han pasado ya 20 años desde aquélla declaración de BIC y la finalización de ese ambicioso proyecto aún sigue sin ver la luz. En este tiempo, las Arribes del Duero, las del Águeda y toda la comarca de Vitigudino se han dejado “muchos pelos en la gatera” y siguen perdiendo habitantes de forma alarmante. La densidad de la población está por debajo de los 10 habitantes por kilómetro cuadrado. Tal vez nuestros gobernantes –y nunca mejor dicho- consideren, como Gardel en su tango “Volver”, que “veinte años no es nada”, aunque si se lo preguntamos a los que hace veinte años tenían 40 ó 50 de edad y querían realizar inversiones ilusionados con estas iniciativas, nos digan que en esos “veinte años” se les ha puesto “la frente marchita” y “las nieves del tiempo platearon sus sienes”, siendo ya demasiado tarde para embarcarse en inversiones privadas y nos reconocerán, con amargura, que perdieron su último tren.