Jueves, 13 de agosto de 2020

24 de enero: el rayo que no cesa

Para Luis Javier Benavides, Serafín Holgado, Ángel Rodríguez, Francisco Javier Sauquillo y Enrique Valdevira, in memoriam.

“Por el campo del llanto me desboco”
MIGUEL HERNÁNDEZ,  El silbo vulnerado, 21, (1934)

Recordar. Porque el tiempo no absuelve el dolor de las palabras, que sean las palabras las que mantengan la brasa de la conciencia; porque la memoria, terca, se aferra a la herida y se niega a irse de la tarde aquella, de aquella queja...; porque no amanecerá del todo sin la luz de la justicia y el corazón del abrazo; porque pasa como un viento lo que fue que fuimos, lo que fue que sufrimos, el desgarro que nos desgarraba y el grito apenas y el llanto, pero como ese viento no olvida, sigue despeinándonos cada enero en este loco país de brujas y destellos, desmemoriado e ingrato, que sea báculo y refugio la palabra fría, que la Historia diga lo que la historia dice:

24 de enero de 1977: La matanza de Atocha fue un atentado terrorista cometido por terroristas de extrema derecha en el centro de Madrid la noche del 24 de enero de 1977, en el marco del llamado terrorismo tardofranquista. Cinco abogados fueron asesinados, lo que marcó la Transición española iniciada tras la muerte del dictador Francisco Franco. Los abogados laboralistas fueron Enrique Valdelvira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz y Francisco Javier Sauquillo; el estudiante de derecho Serafín Holgado; y el administrativo Ángel Rodríguez Leal. Además fueron gravemente heridos Miguel Sarabia Gil, Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, Luis Ramos Pardo y Lola González Ruiz. Un comando ultraderechista penetró en un despacho de abogados laboralistas de Comisiones Obreras (CC. OO.) y militantes del Partido Comunista de España (PCE), situado en el número 55 de la calle de Atocha y abrió fuego contra los allí presentes, matando a cinco personas y dejando heridas a cuatro. El periódico italiano Il Messaggero publicó en marzo de 1984 que neofascistas italianos habían participado en la matanza, ​ tesis que fue respaldada en 1990, cuando un informe oficial italiano relató que Carlo Cicuttini, un neofascista italiano próximo a la organización Gladio –una red clandestina anticomunista dirigida por la CIA–, había participado en la matanza.

Los terroristas llamaron al timbre del piso entre las 22:30 y 22:45. Al parecer, iban en busca del dirigente comunista Joaquín Navarro, secretario general del Sindicato de Transportes de CC. OO. en Madrid, convocante de unas huelgas anteriores que, en buena medida, desarticularon la que llamaban mafia franquista del transporte. Al no encontrarlo, ya que había salido un poco antes, decidieron matar a los presentes. Eran dos jóvenes con armas de fuego con quienes iba una tercera persona, encargada de cortar los cables del teléfono y registrar los despachos. Esa misma noche, varios individuos asaltaron también un despacho del sindicato UGT, en la calle Fernando VI, que se hallaba vacío.”