Blue Monday, una manipulación asentada en la sociedad desde hace 15 años

El complemento comercial del Black Friday no se sustenta en ningún estudio riguroso

El objetivo del Blue Monday no es otro que estimular el consumo

Fue el 24 de enero de 2005. Aquel  día de hace tres lustros llegó a nuestras vidas el Blue Monday, un invento comercial de una agencia de viajes que, como tantos otros, logró calar y quedarse para siempre.

La idea tenía su lógica. Las vacaciones navideñas recién terminadas, el bolsillo vacío por el consumismo de adviento, el mal tiempo que nos obliga a quedarnos en casa, las pocas horas de luz, los propósitos de inicio de año que no hemos podido empezar y la lejanía del día de cobro forman un cóctel de tristeza que señala al tercer lunes del mes de enero como el peor del año. Todo es pesimismo en lo que representa una clara metáfora de la cuesta de enero de toda la vida.

Con el tiempo, la Universidad de Cardiff -para la que había trabajado el experto al que se le atribuye la sesuda fórmula que explica este presunto ardid- terminó saliendo al paso para distanciarse de una idea que se enrevesó todavía más cuando se conoció que varios académicos de prestigio habían sido tentados para asociar su nombre a la ecuación en la que dice sustentarse el resultado de un estudio también falso. Todo, claro, a cambio de dinero.


A pesar de que la aparente mentira no tardó en aflorar, la insistencia del sector comercial -perfectamente consciente de la importancia de olvidar la tristeza tirando de tarjeta de crédito- y el posterior empuje de las redes sociales lograron perpetuar la existencia de lo que ha terminado por convertirse en el planteamiento opuesto al Black Friday, el día en que arrancan las compras navideñas y en el que las tarjetas de crédito echan humo.

Las teorías de la psicología inversa encontrarían en el Blue Monday un caso de manual pues, para superar la presunta depresión causada por una jornada tan fatídíca para el ánimo, qué mejor que rascarse lo poco que quede en el bolsillo y volver para casa con la sensación de haber derrotado al monstruo; esa némesis de la felicidad creada artificialmente por tipos muy avispados que, y eso sí ha quedado plenamente demostrado, son auténticos expertos en manipularnos sin pudor.