Jueves, 13 de agosto de 2020

Décadas de 9 años, siglos de 99...

… milenios de 999, etc. No es raro oír estos días que en 2020 hemos empezado una nueva década o ver que se hace balance de la que se da por pasada (2010-2020). No pasa nada: podemos empezar a contar los años cuando y como queramos. Y ¿por qué de 10 en 10 y no de 8 en 8 o de 13 en 13?, ¿por qué no empezar a contar mañana?

Pero el caso es que, como tenemos diez dedos, nuestra numeración es “digital”, o sea decimal, del mismo modo que, si fuéramos pulpos, nuestra aritmética sería octogesimal. Y si, por otra parte, vemos la cronología como la acumulación de décadas o siglos sucesivos partiendo del año del nacimiento de Cristo, que sería el primero, no podemos acabar el segundo milenio en 1999 ni la segunda década del tercero en 2019, so pena de amputar un año a la década o al siglo, que pasarían a tener nueve o 99 años, respectivamente, etc.

(Por lo demás, es sabido que la datación relativa de la Natividad, que Dionisio el Exiguo concreta en el año 754 del calendario romano, debe de estar equivocada, aunque no sabemos cuánto exactamente. Ese es el motivo por el que la Biblia de Jerusalén, en su sinopsis cronológica (pag. 1.860), sitúa el nacimiento de Cristo “hacia el 7 o el 6” de la era cristiana, en los últimos años del reinado de Herodes. De este modo, si optáramos por corregir el error, ahora andaríamos por el 2013 o el 2014).

Pero, no pasa nada si seguimos con estas pautas erróneas. Y, además, ¿quién se pondría ahora a ir  cambiando las fechas de todos los libros de historia? Por lo demás, algunos reconocen el error del cómputo con décadas de nueve años, pero vienen a decir que da igual si la gente lo acepta y, además, poner como principio o fin de etapa al 2000 o al 2020 resulta más "redondo", más mono, vaya.

Sin embargo, no deja de ser inquietante esa manía de amputarle un año a las décadas, a los siglos y a los milenios. (Si se hubiera hecho desde la época de Jesucristo ahora viviríamos en el 1818). ¿Y si uno de esos años suprimidos hubiera sido el de nuestro nacimiento o el de alguno de nuestros antepasados? … ¿o el de nuestro compromiso con nuestra santa esposa o el año en que por fin, después de 80, llegó al gobierno una coalición de izquierdas?

Frente a esa insana tendencia recortadora de años –que no es sino una característica del "hombre anumérico"–, yo prefiero pensar que la pulcritud aritmética fomenta más bien la exuberancia cuantitativa. Borges afirma en algún sitio que el acto carnal y los espejos se asemejan en su poder multiplicador de la especie humana. Pero también creo que las matemáticas a su modo tienden a potenciar todo hasta lo inconcebible, incluso hasta hacernos imaginar la pluralidad de infinitos. Uno de ellos es la serie de números naturales positivos y otros dos los de los números pares e impares, sin que pueda decirse que una serie es más larga que otra. Y lo mismo son infinitas las series de los negativos con sus pares e impares. Y las series ordenadas, como la de Leonardo de Pisa o Fibonacci, donde la relación entre cada par de números sucesivos va oscilando en torno al número de oro o proporción áurea (1,61803…). Fibonacci puso el ejemplo de la descendencia de un par de conejos enjaulados, pero lo mismo podría predicarse de ciertas semillas o de una tribu de humanoides con un sistema contable de base nueve. (Y, que, sin embargo, tiene doce palabras distintas para hablar del maíz silvestre).