Viernes, 28 de febrero de 2020

Ángel Luis Iglesias, la fuerza de la pintura en las paredes del Casino de Salamanca

Una propuesta expositiva valiente y arriesgada que nos devuelve el placer de mirar y de sorprendernos con el talento del pintor salmantino volcado en el cine

Ángel Luis Iglesias junto a algunas de sus obras expuestas en el Casino. Foto de Carmen Borrego

         Tiene el pintor Ángel Luis Iglesias una cercanía y una calma que contrastan con la fuerza incontenible, con el desgarro expresionista de sus feroces pinceladas, de sus trazos agresivos sobre un lienzo que habla y grita desde el espacio y la fuerza del color. Porque Iglesias muda de piel y de estilo en cada propuesta: es un pintor de paisajes urbanos que nos evoca la poesía hiperrealista de Antonio López a quien conoce, admira y quiere; es un retratista que acepta los encargos y descubre lo más hermoso del personaje sin quebrar la línea institucional y buena prueba de ello es el retrato del rey que aparece en el Ayuntamiento de Salamanca. Pero Iglesias es también el pintor cinéfilo que expone en el festival de cine de San Sebastián, en el Matadero de Madrid, y lo hace con una propuesta originalísima en la que reflexionar sobre el papel del cine y el de los actores, auténticos iconos de la modernidad.

         Y esta vez lo hace centrándose en un personaje que se ha convertido en arquetipo no solo de la maldad, sino de nuestro Mister Hyde particular. Porque según Iglesias, todos tenemos un lado Jocker, y él mismo se disfraza con el maquillaje de personaje. Su rostro, calmado y melancólico, se transmuta con las pinturas de guerra de este payaso reconvertido a través de las películas de Batman en un malvado que se come al héroe. Porque todos tenemos algo de Jocker, porque la indefensión del personaje, su rebeldía, su insumisión, su rebelión y su caída en los infiernos es la de todos.

         Los lienzos, inmensos, de Iglesias, abordan al personaje desde su peculiar juego con el espacio porque, para el pintor, cada uno de ellos va pidiendo su técnica, su postura, aquello que necesita. Y las pinceladas, auténticos puñetazos sobre el lienzo, interpretan el fotograma hasta convertirlo en otra cosa, en el arte que nos interpela a la primera impresión. La personalidad con la que el pintor dota al personaje le confieren, más allá de su valor icónico, cinematográfico, propio de la cultura popular contemporánea, un valor detenido en el tiempo. Son arte, son eternos, son clásicos de nuestra época.

         Y lo hace Iglesias en un marco inusual. El Casino de Salamanca, con su pátina de tiempo, su exquisita historia, sabe arriesgarse y apostar por lo nuevo. Abre la exposición sabiendo que muchos espectadores subirán la regia escalera para dejarse sorprender por la propuesta museística, sabe que va a encandilar a un público que quizás no es asiduo a las salas de arte, sino al cine de palomitas. Y lo hace con sabiduría, dejando la puerta abierta a nuevas alternativas, a un público que se queda prendado de los grandes lienzos de Iglesias, aquellos que necesitan distancia para verse, como los maestros de la pintura –el artista es un devoto de Velázquez- y los dibujos que, expuestos en gran número, nos recuerdan la sucesión de fotogramas. Una propuesta pues, para dejar que las salas de exposiciones se llenen de gente joven, de amantes del cine como lo es nuestro pintor, uno de los artistas salmantinos de más renombre fuera de nuestros límites, pero felizmente salmantino, habitante de nuestras calles y dueño de una virtud incuestionable: el deseo de seguir su camino desde la provincia, abierto al mundo, porque el mundo del arte ahora no tiene fronteras ni barreras espaciales.

         Una propuesta que merece no solo una visita, sino una reflexión sosegada. La del valor de los diferentes lenguajes artísticos, cine, fotografía, pintura, que se unen en la obra de Iglesias. La del papel del villano en una sociedad en la que el bien y el mal se trenzan, un villano que tiene tantas facetas como actores que lo encarnan, películas que lo retratan. Uno y tantos cuya esencia ha sabido retratar Ángel Luis Iglesias con esa técnica que solo él sabe plasmar con toda la fuerza de su talento. De ahí que la risa del personaje resuene, en sordina, entre las muy solemnes paredes del Casino de Salamanca.

Charo Alonso

Fotografías: Carmen Borrego.