Viernes, 14 de agosto de 2020

Despoblado, despoblación y repoblación. Una realidad que nos debe preocupar

Tres vocablos, que tuvieron su auge en la Edad Media, y que, poco a poco, van recuperando actualidad a marchas forzadas. Y no hay día, en que los medios no saquen a colación estos tres términos. Los pueblos se despueblan, solo la provincia de Salamanca, según el INE, ha perdido 1.354 habitantes, en tan solo un año. Y ante esta sangría, que atribuyen los sociólogos a la reducción de la tasa de natalidad, muy inferior a la de mortalidad, y a la creciente emigración, son los factores determinantes de que nuestros pueblos pierdan población, hasta tal punto, que muchos no cuentan ya con habitantes, y los demás van notando como las viviendas se quedan vacías o se convierten en casas rurales, que se ocupan en fechas vacacionales o en fines de semana.

Centrándonos en Macotera, de las 1058 viviendas de que dispone, tan solo están abiertas, durante todo el año, 366 y 692, cerradas. Y si escuchamos a los políticos en entrevistas, ninguno aporta una medida convincente de cómo afrontar el drama: ninguno ofrece alternativas. La salida más recurrente es que el personal vuelva al pueblo, ¿con qué equipaje? Porque, cuando Alfonso IX repobló la zona de Alba, trajo gente de fuera, a la que entregó casa, hacienda, yuntas, aperos y exenciones tributarias durante cinco años. ¿Qué se les ofrece, hoy, a cambio de su vuelta o permanencia? No se fomenta la natalidad con ayuda a los hijos, ni tampoco se favorece el empleo, ni se promueven e incentivan nuevas acciones con ventajas fiscales, que generen actividades económicas y empleos en el medio rural; y, además, tampoco garantizan la prestación de servicios públicos en esas áreas, como la sanidad, la educaión, la dependencia…, y la implantación de las nuevas tecnologías, que faciliten la labor y la relación comercial de la empresa. Si al joven o a la persona, que aspire a incorporarse al mundo rural, no se le ofrecen un porvenir seguro y una calidad de vida satisfactoria, buscarán su futuro en otros lugares más garantizadores.

La realidad es que los pueblos se despueblan y envejecen, y un pueblo sin niños no tiene futuro. Concretamente, en mi pueblo (Macotera), a 1 de enero de 2019, nació solo una niña, fallecieron 26 personas y emigraron 22, o sea, que ha perdido 48 habitantes.

La esperanza no debe perderse.