Viernes, 14 de agosto de 2020

¿Reconocemos la verdad?

“Puestos a elegir entre la verdad y el placer de buscarla, elegiríamos lo segundo”

(Antonio Machado)

 

ENTRE PUENTES

¿RECONOCEMOS  LA VERDAD?

-Entre la esperanza, de que un día logremos la transparencia, y el servicio a granel de las falsificaciones, se columpia nuestro tiempo-. Las recientes mentiras que soportamos a diario, en las falacias deliberadamente muñidas y barnizadas para obtener prebendas y honores, oímos como se viene anunciando el fin completo de la verdad, primero fue un valor a la baja- eso de decir la verdad-, no vendía. La demanda de verdad, como el aire limpio y los consumibles alimentos y bebidas sin aditivos y contaminantes, no tardaran en ser una obsesión central de nuestro tiempo. Todos mienten – es una evidencia demostrada-,- y sabemos encima que nos mienten-, lo han hecho, sucesivamente el Gobierno, la Oposición, los banqueros, los constructores, los sindicatos, el clero, los sondeos de opinión, las revistas de cualquier condición y, hasta nuestro presidente de escalera, o sea, todos los mandatarios,  que blasonan poder. Tanta es la mentira, que si un día nos dijeran la verdad ¿sabríamos reconocerla,  verificarla, entenderla etcétera? Porque las reproducciones, las fotocopias y copias del original han venido siendo tan perfectamente elaboradas y tratadas, que hay, que marcar muy bien, con el fin de evitar confusiones, de hecho la digitalización casi, impide distinguir entre la una y la otra. – Y, no sé dónde he oído decir que- “La verdad también se inventa”. De este modo, la idea de una verdad pura asociada con la transparencia neta, parece ser un mito falso, u otra falsificación adicional, dejándonos confusos y esperando que llegue una primavera, donde oigamos lo hermoso que puede resultar, que nos cuenten las historias más bonitas, es decir las verdaderas.

Sin embargo, estamos tan dispuestos a escuchar mentiras,  no nos separamos de la televisión, de sus “opinoadictos”, de toda la información que nos bombardea por todos los lados, con estas “malditas” maquinas, que incluso comenzamos a ir como ausentes por las calles, parque, restaurantes y un sinfín de etcéteras, poseídos por una comunicación desbordante que nos llega en el mayor de los casos en forma de mentira, formateada la realidad, de la que se abastecen los medios. Con todo, han sido las instituciones, las que más crédito han perdido ante la ciudadanía. Desde la política, los medios de comunicación, la misma Universidad, el Vaticano mismo han sufrido bastantes pérdidas de valor. El ciudadano de hoy, se ha vuelto más exigente, más crítico, menos conformista y sabe dónde poder encontrar una información que al menos se acerque a su sintonía y forma de considerar lo menos alejado de la realidad, es más infiel a las creencias y a los productos que le decepcionan, y le hacen dudar de su honestidad. La carencia de verdad, y aún más de la verdad continua, ha creado un clima repelente y escéptico, ante los profesionales de la mercadotecnia, ante los creadores y los “opinoadictos”.

La debilitada fe en las instancias, ha hecho que el pueblo y sus nobles gentes, harta de tanta falacia, engaño y mentira, ha comenzado a fiarse más del- boca a oreja-, a quien le informaba sobre determinado producto, lo sustituyo la publicidad, que ante su descrédito se ha impulsado el nacimiento, de difundir los comentarios favorables o no de una determinada marca, con el fin de que la noticia llegue rápida y espontáneamente a otros consumidores, y que el mensaje tenga la validez y credibilidad, que no consigue por medios tradicionales. Las nuevas técnicas, y sus tecnologías en todas sus variantes hacen posible estos sucesos.

Los jóvenes están controlando al máximo la influencia en las nuevas tecnologías, con las que orientan sus consumos, y desde ahora, la obtención y el disfrute de la verdad, tiende cada vez a ser más un producto escaso y de lujo. Al igual de difícil de encontrar, comestibles de toda índole, sin aditivos, espacios silenciosos, aguas puras, y personas honradas, el comercio justo,  la justicia justa, y las políticas transparentes.

Sería un candoroso optimismo, una ficción, que deje de ser la mentira, la que tenga la proclama, con la que estamos más relacionados, y la tengamos que tragar, llenos de rabia e impotencia, más aún cuando esta viene disfrazada desde las instituciones representativas del estado.- Pero algo está empezando a moverse, y el implacable signo del tiempo lo dirá.-

 

                Fermín González comentarista – salamancartvaldia.es         blog taurinerías