Viernes, 18 de septiembre de 2020

Carta a los Reyes Magos

A sus Majestades de Oriente:

Un año más les escribo mi carta con la desconfianza propia de quien no ha visto satisfechas sus peticiones en las últimas décadas, desde que cambió los juguetes infantiles por deseos alejados de seductores escaparates navideños, estanterías comerciales, alforjas reales y taquillas donde no pueden comprarse aspiraciones que son patrimonio del alma.

Les escribo esta madrugada, desde el silencio de mi cenobio doméstico, cuando los ujieres abren las puertas del Congreso, están a punto de encenderse las luces de la Casa del Pueblo y los padres de la patria se desperezan en casas y hoteles, mientras afilan con piedra pómez las uñas, hacen gárgaras con cicuta para contaminar sus voces, masajean las manos encallecidas de aplaudir a los pastores y consultan el “manual de insultos parlamentarios”.

Pido simplemente ser representado en el Congreso por quienes merezcan ser mis representantes, no por aquellos que se representan a ellos mismos.

Pido que los salvadores de la patria no transformen en “Sálvame” el hemiciclo y que nos salve de ellos la magia de sus majestades.

Pido ejemplo de tolerancia y respeto a nuestros padres putativos, para que el cuadro goyesco de los garrotazos continúe siendo solo obra de arte en el Prado.

Pido alejar del Parlamento a los que transforman escaños en corrales con más suciedad moral que excrementos tienen los palos de un gallinero.

Pido que se sustituya la pantalla de votaciones del Congreso por “El cuarto Estado” de Pellizza que abre Novecento de Bertolucci, para que los diputados tengan presente el resultado del abuso mostrado en esa película de culto popular, porque los ciudadanos estamos hartos de ver la fractura política entre las distintas facciones, unidas solamente para defender sus intereses, privilegios y sueldos.