Viernes, 24 de enero de 2020

Hay estrella

  

No sé si el redactor del evangelio tiene razón en toda su letra y efectivamente una estrella (cosa astronómicamente inimaginable) guió a unas personas para que llegaran desde lejos hasta descubrir que un niño en un rincón perdido de un país insignificante era alguien grande y único. El camino fue largo, como la frase anterior (¡50 palabras!), pero llegaron.

O a lo mejor (para mí, mejor) no hubo estrella física y hubo otras “estrellas”, como las que a veces lucen hoy fuera de firmamento y que pueden orientarnos perfectamente en los caminos de la vida, es decir que hoy, y desde entonces, sí aparecen estrellas que avisan, hasta en pleno día que es señal de mayor urgencia. O a ver si el fenómeno – estrellas a mediodía - es por aquello que dijo aquél: ¿No hace más frío? ¿No veis oscurecer, cada vez más, cada vez más? ¿No es necesario encender linternas en pleno mediodía?, cosa que puede ser dado el nivel de oscuridad que vamos alcanzando…

Me refiero a que hoy estamos llenos de avisos, con estrella o no, sobre lo que sucede y sobre lo que sobrevendrá si no se evita lo que parece inevitable.

Hay estrellas que hoy nos avisan, como cualquier imagen de un refugiado con su maltrecha maleta a cuestas o cualquier subsahariano que intenta saltar la valla por cuarta vez sin conseguirlo y se le están acabando las reservas para aguantar en las laderas del Gurugú con Melilla a la vista. El aviso se repite una y otra vez, desde Tesalónica hasta Calais y desde Hungría hasta Málaga. Y desde México hasta Sudán o Myanmar. Y por si fuera poco, amenaza por otro lado (¿o es más de lo mismo?) el fin de este sistema de cosas con los ricos cada año más ricos, el planeta sobre explotado y los últimos ninguneados. Y como estas estrellas otras muchas que lucen cada día para quien quiera y pueda verlas.

Y por aquí tan distraídos entre el Niño y las loterías. En este plan los Magos son imposibles y su viaje hasta Belén también.

Y todo esto lo escribimos o leemos tan tranquilos y sentados en el banco del parque de nuestra existencia diaria. ¡No pasa nada! Y llegará un día, me temo, en que alguien nos pedirá cuentas por esa indiferente tranquilidad.

Pues eso. Que hay estrella y avisa con dramática insistencia. Y crece alarmantemente la intensidad y la frecuencia de sus destellos. El planeta maltratado y aún más los maltratados pobres de la tierra brillan dramáticamente sobre nuestro horizonte.

Y en este sueño tranquilo de europeo bien comido y bien asentado yo me imagino gorrión, acelga o bosque y sobre todo me imagino prójimo cercano o lejano que necesita atención, dignidad y justicia. También esto sería una “epifanía” (nombre griego de la fiesta de Reyes), o sea, una “revelación”, algo así como un aviso con semáforo. Y falta me hace.

Me siento señalado y avisado y debo recordar la dureza de la vida que mucha gente, de cerca y lejos, de dentro y de fuera, sufre callando, sin ternura ni biografía ni casi nombre. Son nadies que andan por ahí y por ahí acaban aparcados en cualquier portal (¡qué ocurrente lo de portal!). Y su estrella, obra de Dios, no deja de emitir señales. Dichoso el que la siga.

Y el rayo que llega de las estrellas de aviso no cesa, como el del poeta, y sigue avisando. Es como una magia especial y sólo ve la señal el que entiende. Es tiempo de Magos o sea, de magos.

Y magos somos todos y magos que acudan con el oro, el incienso y la mirra  tenemos que serlo todos. Para eso parpadea la estrella y a la vista de lo que hay y de lo que viene seguirá avisando por los siglos de los siglos.

Y así hay miles de estrellas en el firmamento humano que nos avisan, unas veces a unos otras a otros, de que hay alguien que necesita que nos lleguemos hasta Belén y reconozcamos allí la presencia del Salvador del mundo. Nada menos.

Pero pensándolo bien y fijándome en mi situación, ando entre regalos y comidas, llamadas y wasaps y no creo que ande haciendo caso de no sé qué destellos de no sé qué estrella que anda por no sé dónde. La vida sigue su curso, ha empezado un año nuevo y el calendario impone sus reglas. Hasta otra.