Viernes, 7 de agosto de 2020

Ser y estar

“HAMLET.- ¡Ser o no ser: he aquí el problema! ¿Qué es más elevado para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna, o tomar las armas contra un piélago de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas?”
SHAKESPEARE, Hamlet, III, 1.

Si es cierto que la pasividad ante la desventura solo puede agravarla, no lo es menos que la resignación y el conformismo dan alas a los rentistas de la inmovilidad y a los predicadores de la quietud. Viene esta suerte de aviso contra la boca abierta a cuento de las reacciones (mezquinas, ruines) suscitadas por una reciente propuesta de convertir en gestoras políticas y responsables funcionales de su vida y su futuro común a las provincias de León, Zamora y Salamanca, propuesta que ha sido inmediatamente contestada con descalificaciones, insultos, maledicencias e intentos de desautorización y ridiculización, sin que siquiera se haya formalizado ni estructurado oficialmente, sino solo enunciado, la intención de sus promotores.

No serán estas líneas las que defiendan, por el momento ni porque sí, o siquiera apoyen a día de hoy la citada propuesta de alejamiento de estas provincias de la órbita política de la comunidad de Castilla y León; ni las que realicen juicios de valor o califiquen algo que en la actualidad se limita a una idea que busca el fin del aislamiento y la nociva desigualdad en el desarrollo, el crecimiento y los planes de futuro de esas tres provincias maltratadas permanentemente en los repartos, los presupuestos, las asignaciones, la distribución de beneficios y la gestión político-económica, cultural y de infraestructuras, en cuanto tiene que ver con una comunidad autónoma gestionada desde su origen con especial incapacidad y flagrante negligencia. Pero tampoco contribuirán estos párrafos, como parecen empeñados en hacer los llamados “intelectuales" del vecindario, a remachar el paralizante y nocivo estado de cosas, ni a suscribir como hace tanto cargo público asalariado del “esto no se toca", el abandono y desprecio a una tierra y sus habitantes, que en gran medida han propiciado quienes ahora pretenden descalificar, por el solo acto de nombrarlos y antes siquiera de que sean oficialmente planteados, cualquier iniciativa, idea, proyecto, afán o propuesta de cambio.

La empobrecedora resignación y el falso determinismo que, además de consagrar la baratura de las respuestas políticas a las demandas sociales en esas tres provincias, constituye una suerte de paternalismo atentamente abonado por las migajas de una manipulación institucional y económica a la medida de intereses particulares y partidistas, es quizá la principal razón del progresivo empobrecimiento, aislamiento, envejecimiento, descenso de calidad en la vida de las personas, progresiva incultura, despoblación y reducción de las expectativas de futuro en las provincias de León, Zamora y Salamanca. El ensimismamiento en su propia pobreza, el atraso, la estéril repetición de fórmulas caducas y una cultura fosilizada, meapilas y basada en únicamente un manoseado folclore, han grabado en las mentes de demasiados leoneses, zamoranos y salmantinos que es la afrenta, el ninguneo y la desatención lo que pueden esperar de quienes tienen la osadía de decirse sus representantes. Las reacciones, tanto políticas como periodísticas y de entidades significativas en la región, que ha suscitado la mera mención de la propuesta de desgajar administrativamente de Castilla y León las tres provincias, que van del insulto al intento de ridiculización, desde fingido escándalo al desprecio de maestrillo incontestable y desde el indisimulado clasismo a la mezquindad, dan noticia de con qué armas se defienden los intereses de un status quo que no es sino el de demasiados vividores, puestos inmediatamente en guardia cuando han atisbado el peligro que para el estado de cosas que los conforta supone un proyecto que les sustraería buena parte de su poder de manoseo y manipulación, y daría al traste, al menos en esas provincias, con el enorme nepotismo y engaño tan habituales en la gestión política y el funcionamiento institucional.

Hacer algo, o al menos intentarlo, para luchar contra un estado de cosas susceptible de ser mejorado; moverse para evitar la molicie de la quietud que justifica el abandono y la sinrazón de la gratuita desigualdad; levantarse y marchar contra el silencio y la resignación, gritar contra el espanto de la muerte lenta e injusta de una tierra que no merece ser meretriz de nadie y menos coartada de la injusticia, respetarse y batallar por el respeto, son acciones que merecen, o deberían merecer, la consideración de quienes quieren decirse, o deberían querer decirse, ciudadanos, representantes, voceros o administradores. Como han hecho en Extremadura respecto a sus infraestructuras y comunicaciones, en Teruel con los movimientos ciudadanos contra el abandono que han cristalizado en la representación parlamentaria, en Euskadi en defensa de su identidad, en Valencia por el respeto y la limpieza de sus  instituciones, en Madrid por su aire limpio, en Cataluña por su nombre o en Navarra para defender su derecho a la igualdad y a la atención, a la dignidad y a las puertas abiertas…, León, Zamora y Salamanca, tres provincias que alcanzan los máximos niveles en cuanto a pobreza, abandono, despoblación, incultura y calidad de servicios e infraestructuras, y los mínimos de desarrollo, industrialización, empleo, atención administrativa, cultura o dinámicas de crecimiento, tienen el derecho de ser al menos escuchadas, y constituye un insulto que define la catadura de sus autores, la descalificación a priori de la mencionada o cualquier otra propuesta, proyecto o plan para el intento de estas tierras de lograr ser en una estructura política que hasta ahora solo les ha permitido estar.