Domingo, 31 de mayo de 2020

Nosotros juntos

Todos los migrantes tienen derecho a igual protección de todos sus derechos humanos. En este Día Internacional, insto a los líderes y a las personas de todo el mundo a que den vida al Pacto Mundial, para que la migración funcione para todos.

 António Guterres, Secretario General de la ONU

 

“Son millones las personas que desempeñan su papel de ángeles acogiendo y protegiendo a los migrantes y refugiados, compartiendo el viaje, caminando con los más vulnerables”.

Cardenal Tagle, Cáritas Internacional

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Los procesos migratorios hunden sus raíces en el origen de las civilizaciones, se podría hacer una historia de la humanidad desde los desplazamientos de la población. No es un fenómeno nuevo, es un fenómeno esencialmente humano, pero se ha producido una aceleración en la sociedad globalizada en la que estamos inmersos. La globalización de las comunicaciones y el abaratamiento de los transportes, así como la actuación de una manera cada vez más generalizada de mafias que trafican con personas, ha supuesto una movilidad cada vez más generalizada de la población.

El migrante será la figura clave del siglo XXI. Lo que caracteriza actualmente a los movimientos migratorios es su carácter global, que afecta cada vez más a un mayor número de países emisores y receptores. Por otro lado, está la feminización del fenómeno migratorio, donde cada vez más, son las mujeres las que se desplazan. Este fenómeno tiene que ver con nuevas demandas en el mercado global, desde trabajadoras domésticas, cuidadoras debido al envejecimiento de la población, hasta la expansión del turismo sexual, así como el tráfico de mujeres.

En el día de hoy, las Naciones Unidas celebran el “Día Internacional del Migrante” con el lema “Nosotros juntos”.  Quiere centrarse en las historias de cohesión social que son tan variadas y únicas como cada uno de los 272 millones de migrantes que comienzan una nueva vida y construyen nuevas comunidades en cada rincón del mundo. Aprender juntos, crear juntos, trabajar juntos, cantar juntos, aprender juntos. Vivir juntos. Ese quiere ser el significado del Día Internacional del migrante en este año, donde las comunidades se reconstruyen a través de los esfuerzos juntos y en común.

La globalización está aumentando las diferencias entre países ricos y países pobres, con un aumento general de la pobreza, que lleva al desplazamiento y la búsqueda desesperada de trabajo. Bauman, nos recuerda que la globalización que estamos viviendo, divide de la misma manera que une, lo que para algunos es la señal de una nueva libertad, para la mayoría cae como un hado cruel e inesperado, quedando detenidos en su localidad. Ser local en un mundo globalizado es señal de penuria, degradación social e incluso de marginación progresiva.

Nos encontramos con una realidad cada vez más general, que además nos plantea serios interrogantes a nuestras formas de vivir consumistas, como a la política de fronteras realizada por nuestros gobernantes, así como a la acogida de todos aquellos que llegan a trabajar a nuestros países y la gestión digna de la diversidad en la que nos encontramos. No molesta el otro por ser extranjero o por ser negro, sino por ser pobre. No estamos en un conflicto de civilizaciones, estamos en el drama de la desigualdad.  El 1% de la población del mundo, posee el 99% que no necesita para vivir.

Detrás de cada persona que emigra hay una biografía, unos profundos anhelos de salir del drama de la pobreza, unos deseos de mejora, unos sentimientos y una vida esperanzada. Detrás de la cada vez mayor diversidad en nuestra globalización, hay algo común a todos, la dignidad de la persona y los derechos humanos. En una humanidad extenuada por los obstáculos, muchos migrantes son “más prójimos” de la muerte que de la solidaridad. Cerramos nuestras fronteras para apaciguar nuestros los miedos.

La mercantilización de la vida y el egoísmo se están apoderando de la sociedad, si queremos defender la dignidad, son necesarias tres vías de actuación: La vía política, social y cultural. Debemos replantearnos la solidaridad, no como simple asistencia con respecto a los más pobres, sino como replanteamiento global de todo el sistema, como búsqueda de caminos que tienen que ver con la dignidad del ser humano y con los derechos comunes a todos.

Promover y defender los Derechos Humanos supone defender a la persona en su integridad, incluyendo todos los aspectos de la misma, lengua, cultura, tradiciones, recursos e iniciativas económicas, también la dimensión religiosa. La igualdad de derechos culturales, deben de ir acompañadas previamente de la igualdad de derechos sociales, para no crear marginación y aislamiento. Más allá de las actuaciones concretas, debemos recuperar la solidaridad, la hospitalidad, la dignidad y la justicia si queremos construir una sociedad más justa y habitable