Como ovejas

El saúco es un árbol del género de plantas caprifoliáceas, leñosas con mucha médula.

Veo su cara de sorpresa señor Manuel cuando le espeto esto nada más llegar usted a la-Parcela-. Así que permítame que le remueva su memoria, y seguro que lo irá entendiendo. ¿Se acuerda usted del señor Francisco, “El Liante”?

-Claro que me acuerdo; las preparaba “pardas”…

Ya. Pero de ello no vamos a platicar hoy, lo haremos de su huerto; mejor dicho, del árbol saúco que en él tenía plantado. Yo recuerdo, como si fuera hoy, que los niños del lugar, muchos habíamos  entonces, la pedíamos al buen hombre que nos cortase una rama de su árbol saúco; de la que haríamos después una obra de arte.

Para conseguirlo, quitábamos la “médula” de la rama con un hierro fino que previamente habíamos calentado y puesto “al rojo vivo” en la lumbre de paja de la cocina baja. Luego “fabricábamos” con otro trozo, esta vez, de rama de “negrillo” al que raspábamos y raspábamos hasta que quedaba a la medida para poder ser introducido dentro del palo de saúco una vez quitada la médula. Una vez conseguido, hacíamos dos bolas de estopa, las mojábamos con agua o saliva hasta que estaban propicias  para meterlas en el canuto del trozo de saúco…

¿Y para qué?...

Pues sencillamente, para que cuando las estopas fueran impulsadas por la presión ejercida por nosotros apretando el palo de negrillo en el interior del palo de saúco; al salir proyectadas al exterior, lo hicieran con gran fuerza y sonido como el de pistola atenuado… y que si la primera estopa “te pillaba” a corta distancia… ¡dejabas al contrario un tanto cabreado y doloroso!

Señor Manuel… señor Manuel. Que le veo en la “nube de Genaro” toda ella lumínica y parecida a los inicios de un eclipse (expresión muy propia), con esta exposición de como jugábamos siendo niños; con mucho ingenio ¡mucho! Fabricando un artilugio con nuestras propias manos. Sin olvidas otras “argucias” infantiles como el juego de “guardias y ladrones”, a las chapas, a los bolos, a la peonza, a pico, zorro y zaina. Y a las carreras de ciclistas que estaban enmarcados en chapas de gaseosa (donde los más pudientes le ponían hasta cristal) donde iban las caras de los corredores célebres de la época; mi preferido era Delio Rodríguez, pero había otros estupendos como Berrendero, sin olvidar al gran Federico Bahamontes.

Y, se estará preguntando confuso ¿A qué viene todo esto hoy?

Pues viene a que he leído estos días a una señora, entendida en el tema-Catherine Lecuyer-, que dice cosas tan interesantes como: “Llevo años alertando del peligro de las pantallas en los niños y la enorme factura moral que vamos a pagar”. Y cuando se la pregunta ¿Los niños juegan poco al aire libre? Contesta: Los niños cada vez juegan menos. Y eso pasa por comprar juguetes con botones y pilas”.

Y, no con estopas y palos de saúco, con aderezo y fuerza motriz de brazos de niños, más su inteligencia para “buscarse la vida” con un artilugio sensacional y no contaminante. Que hace bueno lo dé. “La niñez es por sí, maravillosa”.

¡Eso señor Manuel! Veo que ha entendido usted el mansaje que quería trasmitir. Y sepa usted, que lo que más me ha gustado de lo que dice-Catherine-: “El cerebro es plástico… pero no es un chicle”.

Toma ya…

Otro tema señor Manuel. Seguro que sabe (pues está en –Prensa-Radio y Televisión), que se ha celebrado en España (Madrid) la llamada –CUMBRE DEL CLIMA-. Para “arreglar” o “chapucear” el tremendo-MOLESTAR DE LA SABIA NATURALEZA-; por la presión a la que está sometida. Y que usted y yo hemos denunciado en medios escritos, oídos, y televisados desde hace muchos años… ¡MUCHOS!

Claro que lo sé. Pues he vivido y sentido en mis propias carnes esa –NATURALEZA MARAVILLOSA-, cuando era pastor de ovejas. Y  quiero decirte algo que dijo alguien; pero que otra cosa es que se lleve a realizar: “Ahora es el momento y no hay que dejarlo pasar porque, entre otras razones, puede que, NO HAYA OTRO”.

Esperemos. Ya que el ser humano, muchas veces, “semos” como las ovejas “modorras” (aturdimiento que sobreviene al ganado lanar). “Modorro” es: “Inadvertido, ignorante, que no hace distinción de las cosas…  Pues eso.