Senescente

Hace pocos días un arquitecto, Iñaki Alday, rememoraba en un periódico nacional (El País) una conferencia internacional de la “Association of Collegiate Schools of Architecture (ACSA)”, profesores de Arquitectura de Estados Unidos, donde participó y debatieron sobre cómo afrontar el Cambio Climático. Al celebrarse en Nueva Orleans parece que perdieron el tiempo en hablar de la relación del agua, la vegetación y el espacio urbano.

El título de su artículo es muy llamativo: “¿Por qué es urgente eliminar el asfalto de las ciudades (y Barcelona ya ha empezado)?”. Habla de la vegetación en la ciudad, fijándose en la importancia del agua y la relación entre ambos elementos. Como profesional participó en el diseño del Parque (inundable) del Agua de Zaragoza, junto al río Ebro, para su exposición internacional de 2008.

De vez en cuando se habla de los efectos negativos del pavimentado en la regeneración de acuíferos, frente a las ventajas de mantener un suelo “más natural” en los espacios urbanos. En este caso, además, se centra en el desbordamiento de ríos pretendidamente domesticados, frecuente en ciudades de nuestro país. Y valora la importancia de la vegetación, el árbol en especial, para afrontarlas. Sin olvidar sus efectos positivos sobre la contaminación, la sombra o la atenuación de temperaturas entre otros. En resumen remarca “La vegetación urbana es una cuestión de salud pública de igual calibre que epidemias de gran eco en los medios de comunicación”.

Afortunadamente en Salamanca desde la existencia del Pantano de Santa Teresa, que Dios guarde muchos años, sólo alguna puntual mala gestión del mismo nos recuerda ese pasado, cuando apenas vivía gente en las orillas del Tormes por cierto. En Ciudad Rodrigo también saben de ello.

Las circunstancias lo han hecho coincidir con una nota municipal sobre “la retirada de árboles senescentes y con anomalías en la margen derecha del río Tormes junto al Puente Romano”, un lugar por el que hay cierta fijación. Debe imperar alguna epidemia vegetal grave a la vista de las continuas intervenciones con motivos parecidos, cortar árboles. Desde luego me fio de los técnicos municipales y sus criterios, no obstante me llama la atención que la vida media de muchos de nuestros vecinos arbóreos no superen la edad media de los homínidos del Paleolítico Inferior.

El “Plan Especial de Protección de la Infraestructura Verde y Biodiversidad de Salamanca (PEPIVB)” parece coincidir más con la desaparición de arbolado maduro que con su visible aumento, más allá de los 93 olmos resistentes a la grafiosis de febrero. Desde luego acaba de nacer y necesita tiempo para desarrollarse. Pero no estaría de más dar mayor sensación de interés en aumentar el arbolado y espacios verdes en general, como reponerlos en alcorques longevamente vacíos. Y de paso prestar atención a expertos como el mencionado para reducir el pavimentado del suelo salmantino, hoy hasta en los paseos de muchos parques, por no hablar de los espacios de juego infantil. Recuperar tierra frente a la “granitosis” en el espacio público se percibe como un camino más sostenible, dado que alardean tanto de ello.