Miércoles, 26 de febrero de 2020

De largos puentes a celebraciones cuasi navideñas

Esperemos un poco a que llegue el día de la fiesta navideña

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El hecho de que haya caído este año la fiesta de la Inmaculada en domingo, ha llevado a casi la mitad de las comunidades autónomas a programar el lunes siguiente como festivo, con lo cual se han construido unas vacaciones de cuatro días continuados de fiesta, que ha llevado a muchos a viajar, sobre todo a los lugares originarios de la propia familia. Ha sido el regalo especial este año de las fiestas de la Constitución y de la Inmaculada.

La verdad es que en Salamanca no se ha notado tanto la presencia de forasteros o de turistas nacionales y extranjeros. Quizá se temía la posibilidad de la inclemencia del tiempo con fríos y lluvias y hasta la presencia de las temibles nieves que pusieran en situación impracticable el regreso del final del puente a casa. El puente, para los que han podido aprovecharlo, ha sabido a poco.

Pero de aquí a final de año no nos faltarán ocasiones de fiestas y celebraciones. Empezando por la ya tradicional y famosa, única en nuestro caso, celebración del fin de año universitario, que hace de la plaza mayor y sus alrededores un lleno de masas, juveniles sobre todo, que celebran la fiesta con música y gominolas, suplentes de las famosas uvas de la noche final del año civil.

Y no digamos ya la cantidad de comidas o cenas de empresa que se celebran sobreabundantemente en los días próximos a la Navidad. O la celebración anticipada, también acompañada de meriendas, dulces, champán, y quizá villancicos y turrones, de un simulacro de la fiesta navideña que, en muchos casos es a lo que se reduce para gran parte de las personas, incluso de los que pretenden mantenerse fieles a las tradiciones religiosas y a la pureza de la celebración auténtica, tal como tradicionalmente se venía celebrando con referencia al misterio del Nacimiento del Niño Jesús en Belén, incluso con representaciones de belenes artísticos o de presencia viva del Nacimiento o de la Cabalgata de los Reyes Magos.

Ya no se puede encontrar normalmente la celebración posible de antaño de tres misas en la media noche (misa del gallo), de la madrugada (misa de los pastores) y la misa solemne del día. Para muchos se mantiene, o se ha recuperado, la costumbre de alegrar la vida a los niños con regalos, costumbre que luego se repetirá con la llegada de los Reyes Magos.

Aunque para muchos otros los regalos de las presentes fiestas vengan trasportados por el gordinflón Papá Noel, trasportado por el reno que arrastra el carro de la nieve o del hielo, y que termina entrando en las casas donde hay niños por las chimeneas que caldean los fogones y el calor del hogar.

Y los mayores se cargan también de excesivos e inútiles obsequios propios o para los parientes o amigos próximos, vaciando las estanterías de las tiendas en un consumo exagerado e incomprensible.

Claro que muchos aprovechan los días vacacionales de la Navidad para abandonar la propia casa, buscando playas y montañas, en hoteles o casas turísticas de los campos interiores de la España despoblada y silenciosa.

Como vemos, hay para todos los gustos. Y, en general, con prácticas que olvidan la celebración tradicional, que se presentaba con profundo sentido religioso, y que ahora se manifiesta con expresiones vacías del auténtico y original misterio del Dios que se hace Niño y que quiere asumir nuestra condición de humilde carne humana, que anuncia y ofrece la salvación trascendente a todos los hombres.

Esperemos un poco a que llegue el día de la fiesta navideña para desear a todos, sin adelantarnos, una feliz Navidad.