Mercantilización y trata de mujeres y niños

La cultura patriarcal está presente en todas y cada una de las sociedades. Sin embargo, hay un hecho evidente y es que no en todas está presente de igual modo. Existen sociedades más avanzadas en materia de derechos humanos en las que, a pesar del avance, sigue persistiendo una cultura machista fuertemente arraigada. No obstante, hay casos aún más preocupantes. Uno de ellos se registra en el continente asiático, donde se dan casos de abusos y desapariciones de mujeres con el fin de ser vendidas a China.  

las víctimas de este tipo de procedimientos no tienen por qué ser estafadas por grandes mafias de la trata, sino que en ocasiones son sus propios conocidos y familiares los que cometen este tipo de tráfico sexual de esposas por cantidades de dinero entre

Sonia Castilla

Activista por los derechos humanos

Este es el caso de algunos estados como Myanmar, donde se registran 37 testimonios de mujeres que fueron secuestradas durante largos periodos de tiempo y trasladadas a China, tal y como se relata en el dossier Danos un bebé y te dejamos marchar, elaborado por la organización en defensa de derechos humanos Human Rights Wacht. Quizá lo más llamativo de ello es que las víctimas de este tipo de procedimientos no tienen por qué ser estafadas por grandes mafias de la trata, sino que en ocasiones son sus propios conocidos y familiares los que cometen este tipo de tráfico sexual de esposas por cantidades de dinero entre 2.600 y 115.000 euros; aunque el drama no termina ahí.

En el dossier se recoge que una vez se ha traficado con ellas, son encerradas durante largos periodos de tiempo y violadas en múltiples ocasiones hasta que se logra el fin último: que se queden embarazadas. Los testimonios revelan que, en ocasiones, lo primordial es obtener un hijo, no una esposa. La justificación —si es que se le puede llamar así— de algunos sectores conocedores de esta realidad es que hay actualmente bastantes más hombres que mujeres, situación agravada por las políticas del hijo único que, además, debe ser varón. Por ello algunas familias optan por comprar a las mujeres sometidas a situaciones tan complicadas como la relatada.

La Comisión de Derechos Humanos de Myanmar registró en 2017 226 casos de tráfico de esposas entre países, aunque se estima que esta solo es una parte del dato real. Ante esta realidad, los gobiernos de Myanmar, China o Kachinhan hecho oídos sordos al no legislar de manera que se limite o dificulte, al menos, el tráfico de víctimas y que se castigue a los traficantes, y tampoco plantean alternativas de recuperación de las mujeres que han sido vendidas en situaciones similares a esta, en las que se enfrentan a ser tratadas como meros objetos con un precio. Por otra parte, algunos de los testimonios recogidos dentro del dossier Danos un bebé y te dejamos marchar revelan que, en ocasiones, las mujeres lograban escapar tras dar a luz, aunque dejando a su hijo atrás.

El auge de este tipo de actuaciones se da cuando existen conflictos armados en los estados de los que proceden, en los que las mujeres sostienen la carga de las familias debido a que los hombres se encuentran participando en el conflicto. Los traficantes se aprovechan de situaciones en la que las familias están al borde de la desesperación, aprovechando así mismo una situación económica mejor en el país chino, donde se dice que es más fácil conseguir trabajo con un salario más alto que en el país anterior. Ofrecen puestos de trabajo y bajo esa excusa trafican con ellas al país vecino. Este tipo de prácticas desencadenan en una esclavitud sexual.

En algunos de los testimonios recogidos mujeres y niñas cuentan cómo fueron drogadas y despertaron en una habitación cerrada; otras cuentan que aparecieron en China y que el trabajo disponible por el que había accedido a emigrar había desaparecido; y por si las violaciones y el tráfico no eran suficiente, la situación de vulnerabilidad se encontraba multiplicada al estar situadas en un lugar con barreras de idioma y sin dinero, lo que implica que algunas de esas mujeres pudieran haberse visto obligadas a continuar dentro del matrimonio de quienes las compró.

Lo que, en definitiva, revela esta situación es un machismo arraigado que permite que mujeres sean consideradas como mercancías, pero va más allá de esto. Afecta también de manera directa a los niños, que son vendidos en un mercado en el que existe un nulo respeto por los derechos de las mujeres y los niños. Y parece que el gobierno de estos países no luchará por un cambio en las condiciones de todos ellos, al menos próximamente.