Jueves, 13 de agosto de 2020

El claustro de la USAL: representativo, pero poco

Las elecciones al claustro de la Universidad pública de Salamanca estuvieron marcadas por una participación muy baja

 

Asombrado quedé al leer en un diario local que sólo había votado poco más del 3 % del censo de estudiantes en las elecciones al claustro de la Universidad pública de Salamanca. Luego he comprobado que el dato es erróneo: ha sido un 10.4 %; de todos modos, una participación muy baja.

Por ello, no menos sorpresa me produjo saber que el señor rector la considera aceptable –siempre según el mismo medio–, aunque también haya sido muy escasa entre el personal laboral (39,1 %) y el profesorado asociado (9,4 %). Y se ve que no sólo faltan votantes, sino también candidatos: más de la mitad de los puestos que corresponden al profesorado no permanente se hallaban vacantes en el claustro anterior por ese motivo. No me consoló, al contrario, recordar que esta situación no es nueva, pues viene repitiéndose en los últimos años.

De este modo se afirma el control del claustro por parte de una mayoría de profesores con vinculación permanente a la USAL, con 159 puestos (55,3 %) frente a los 119 de todos los demás estamentos (composición del claustro saliente), que así muestran su desinterés por un órgano que es la principal instancia representativa y de gestión de la USAL.

Lo cual me trajo a la memoria cierto debate que tuve hace años con Gustavo Villapalos, cuando era rector de la Complutense. Sostenía entonces este señor, en una charla impartida en el Círculo Católico de Obreros de Burgos, que no tenía sentido la participación de los alumnos en los órganos rectores de la universidad, pues su misión debía limitarse a estudiar. En el coloquio critiqué su postura: 1) por anticonstitucional. Él, como catedrático de derecho, debía saber que en los artículos 27 y 48 de la constitución se establece el derecho de los jóvenes a la participación, tanto en la vida pública como en los centros educativos; 2) por antipedagógica, ya que la educación cívica se adquiere, entre otros medios, favoreciendo esa participación y despertando el interés de los jóvenes por los asuntos públicos; y 3) por miope en lo político: se supone que los universitarios actuales ocuparán buena parte de los puestos de responsabilidad en la sociedad futura, por lo que conviene que tengan buena formación en ámbitos de gestión, teniendo en cuenta además que, como mayores de edad, se estrenan en el ejercicio de los derechos políticos en el momento de su entrada en la universidad.

Villapalos me contestó reiterando sus argumentos y concluyó diciendo que opiniones como la mía eran "disculpablemente obtusas" (sic), con lo que mostró su falta de educación y su arcaísmo mental.

Estoy convencido de que los docentes universitarios actuales están, por lo general, bastante lejanos de estas posturas reaccionarias, pero yo, como ciudadano, me quedaría más tranquilo si ellos –y, de paso, las asociaciones de estudiantes– considerasen ese desinterés electoral, síntoma de un pasotismo político general, como uno más de los problemas de la universidad, y como tal lo analizaran y trataran de paliar o solucionar.

De momento no he visto siquiera ningún comentario al respecto. (De cierta prensa local sería absurdo esperarlo: está bastante ocupada en repetir lo malo que es Sánchez y la leña que habría que darles a los catalanes. Y, eso sí, de tomar abundantes fotografías de los actos institucionales locales).

Mientras, queda en el aire esta inquietante pregunta: esa gran masa abstencionista, si no se preocupa por las cuestiones que le afectan directamente, ¿cómo van a interesarse en los problemas comunes de la sociedad, en los problemas políticos?