Lunes, 30 de noviembre de 2020

¡Taxi!

Hoy reflexiono a partir de experiencias personales… No defiendo nada, solo explico, a partir de mi realidad, decisiones personales.

Tardé poco en volverme usuario de Uber y luego de otras aplicaciones por el estilo que, dicho sea de paso, podrán ser extranjeras, pero quienes dan el servicio son paisanos

En mi infancia y juventud tomé muy pocas veces un taxi; era un lujo, algo de ricos, casi como el avión.

También recuerdo de aquella época que la gente no confiaba mucho porque, si no se sabía el camino, decían que los taxistas, sobre todo en ciudades grandes, te daban vueltas para cobrarte más.

Cuando llegué a México, además de que ya había usado taxis en España, vi que aquí eran algo más habitual, y para más estratos sociales, por las distancias de esta ciudad.

Además, supe que, en México, el taxímetro no siempre se usaba: además de que desde lugares como el aeropuerto de plano se cobraba tarifa fija, había zonas y momentos, por la noche, por ejemplo, donde el “¿adónde va?”, “le cobro tanto” era lo más común.

Y eso no cambió, desde mi casa, que es su casa (así de mexicano soy ya), al aeropuerto un taxímetro marca, en euros, alrededor de 3. Sin embargo, si llamo a un taxi de sitio (hay taxis sin parada fija, que se pasan el día circulando, “ruleteando”, por lo que también se les dice “ruleteros”) me cobra 10 o 12.

Súmenle la terrible realidad de los taxis piratas, de coches pintados como taxi, incluso taxis de verdad, en manos de gente que a veces los usa para asaltar; otras veces simplemente son grupos de apoyo al cacique de turno que les dio un permiso medio legal en lo que les dan las placas de taxista; ello sirve para que unos consigan trabajo y otros, incondicionales que lo mismo llenan una manifestación que se pelean con otro grupo similar organizado por un cacique de la misma calaña.

Por eso, tardé poco en volverme usuario de Uber y luego de otras aplicaciones por el estilo que, dicho sea de paso, podrán ser extranjeras, pero quienes dan el servicio son paisanos, gente como uno que las considera una opción para trabajar o para completar el sueldo.

¿Qué tienen que pagar impuestos? Sí, claro, pero probablemente haya que pensar en nuevas fórmulas, tal vez internacionales.

En estas aplicaciones también hay asaltos, gente mala, pero menos; además, no necesito llevar dinero encima y, en casos como el que les acabo de contar del aeropuerto, pago lo que uso el taxi y no lo que el taxista me quiere cobrar… “porque así son las cosas en México”.

Porque salvo en ese tipo de situaciones, usar estas aplicaciones no me sale más barato, pero sí me deja un poco más tranquilo… Y oye, también es ese gustito malsano de quien por fin deja de sufrir un abuso y ve que al abusador ya no le va tan bien.

@ignacio_martins

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