Sábado, 14 de diciembre de 2019

La gestión pasiva come terreno a la gestión activa en los fondos de inversión

Está claro que, a mayor rentabilidad, mayor riesgo. En este punto, cada inversor tendrá que estudiar lo que quiere conseguir y a lo que está dispuesto a sacrificar para obtenerlo

¿Tienes ahorros paralizados y te gustaría conseguir algo de rentabilidad? Lo primero que tendremos que hacer es tomar la decisión entre si queremos llevar a cabo una gestión pasiva o gestión activa y, para ello, habrá que conocer las principales diferencias entre las 2 fórmulas de inversión.

Cada vez son más las personas las que invierten en gestión pasiva por las grandes ventajas que consiguen y por los interesantes resultados que consigue. Una de las fórmulas más rápida para hacer una inversión de gestión pasiva es mediante un robo advisor (también conocido como gestor automatizado).

Puesto que aquí no vamos a entrar en detalle valorando las opciones que hay disponibles en el mercado español, en sitios como www.roboadvisors.es puedes descubrir todas las opciones que existen y compararlas para elegir la que más te convenga.

¿Qué diferencia hay entre gestión activa y gestión pasiva?

Comisiones

Aunque en ambas fórmulas existen comisiones, estas son más altas y más abundantes en la gestión activa. Y es que esta gestión entraña una serie de procesos que requiere de estar informados sobre la situación de los mercados -> Todo esto entraña un gasto más elevado de recursos y estos tienen asociados unas comisiones más elevadas.

La gestión pasiva tiene como objetivo copiar el índice, lo que implica un menor consumo de recursos y unas comisiones más bajas.

Ahora bien, esto es solo teoría, y hay que mirar muy bien donde metemos el dinero: existen fondos de gestión pasiva con unas comisiones muy elevadas, y fondos de gestión activa que no cobran tanto en comisiones.

Rentabilidad / riesgo

Está claro que, a mayor rentabilidad, mayor riesgo. En este punto, cada inversor tendrá que estudiar lo que quiere conseguir y a lo que está dispuesto a sacrificar para obtenerlo.

La gestión pasiva tiene el objetivo de minimizar los riesgos, centrándose en la rentabilidad histórica de los índices bursátiles. Es una opción más segura, pero los beneficios son más bajos.

Facilidad de operación

Cómo ya hemos comentado, la gestión activa requiere de estar informándose de lo que pasa en el mercado en todo momento. Y es que cualquier cambio puede marcar la diferencia. Por ello, se requiere de una mayor cantidad de conocimientos y de prestar atención a los detalles (un error podría dar al traste con todo el esfuerzo).

La gestión pasiva no requiere de tantos conocimientos, y mucho menos si se utiliza uno de los robo advisor ya descritos.

Estas plataformas tan solo requieren que nos registremos, hagamos un test para determinar nuestro perfil de inversor, elijamos la cantidad a invertir y el programa lo hará todo por nosotros. Se han diseñado con algoritmos especiales que monitorizan el mercado, buscando los activos más interesantes según tu perfil, y aquellos que más rentabilidad te permitan conseguir.

En definitiva, hay una gran lucha entre la gestión activa y la gestión pasiva, aunque la balanza está inclinada hacia esta última por sus grandes prestaciones.

No dejes que tus ahorros pierdan valor en el banco y busca la mejor manera de sacarles rentabilidad.